domingo, 16 de noviembre de 2014

Vivir, morir...

A veces es duro vivir, desde que comienza el día, los huesos lo avisan, duele aquí y duele allá, pero te levantas y lo asimilas. Pero el resto del día no mejora, siguen doliendo todos los músculos, y aguantas hasta la hora de comer, pero después el estómago se une al grupo de los órganos dolientes, y las piernas piden un descanso que no les llega aunque las pongas de candelabro sobre la mesa, y te preguntas para qué, por qué. Porque sí, simplemente, porque ese es el juego de la vida, vivirlo hasta que se termina, o hasta que nuestro cuerpo se metamorfosee, sin saber si nuestro arrastrar como gusanos terminará en eso, en una muerte aparente de la que salgamos volando con todos los colores del arcoiris.

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