Qué bonita era aquella blusa, que colores más delicados, y qué bien parecía sentarla... hasta que vió salir del probador contínuo a otra mujer, unos veinte años mayor que ella, con la misma blusa.
¡Qué blusa más fea, qué antigua, jamás se pondría ella una cosa así!
El enemigo del escritor no es la piratería: es el anonimato (Tim O´reilly).
jueves, 31 de mayo de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
El fin del principio
Cuando el deseo se acaba, ¿alguien sabe donde va?
La melancolía toma su lugar, nos acercamos al anterior objeto de nuestro deseo, intentamos renovar aquellos movimientos viscerales que, más que a la cama, nos conducían al cuarto de baño, y buceamos en nuestro interior queriendo recobrar aquellas mariposas que nos agitaban por dentro, pero todo es inútil, el deseo ha caducado, como un yogur olvidado en la nevera, como todo lo que podía ser y no fue, y nuestros ojos, ya sin la venda, no consiguen ver la silueta del príncipe azul, cubierta bárbaramente por el basto escudero que ocupa su lugar. Nuestro cuerpo no tiembla al sentir su proximidad. Y, sin embargo... ¡ah, sin embargo!
La melancolía toma su lugar, nos acercamos al anterior objeto de nuestro deseo, intentamos renovar aquellos movimientos viscerales que, más que a la cama, nos conducían al cuarto de baño, y buceamos en nuestro interior queriendo recobrar aquellas mariposas que nos agitaban por dentro, pero todo es inútil, el deseo ha caducado, como un yogur olvidado en la nevera, como todo lo que podía ser y no fue, y nuestros ojos, ya sin la venda, no consiguen ver la silueta del príncipe azul, cubierta bárbaramente por el basto escudero que ocupa su lugar. Nuestro cuerpo no tiembla al sentir su proximidad. Y, sin embargo... ¡ah, sin embargo!
martes, 22 de mayo de 2012
TE QUIERO, MIENTRAS TÚ QUIERAS
- ¿En qué piensas?
- En tí.
- ¿Te gusto?
- Mucho.
- ¿Me quieres?
- Por supuesto.
- ¿Qué es lo que más te gusta de mí?
- Me gusta todo.
- ¿Me amas?
- Te adoro.
- ¿Cuándo volveremos a vernos?
- Cuando tú quieras.
- ¿El próximo jueves?
- Me encantaría.
- De acuerdo, nos vemos entonces.
- ¿No se te olvida algo?
- ¡Ah, sí! Un último beso.
- No, no es eso.
- ¿Entonces?
- Son 300 euros.
- En tí.
- ¿Te gusto?
- Mucho.
- ¿Me quieres?
- Por supuesto.
- ¿Qué es lo que más te gusta de mí?
- Me gusta todo.
- ¿Me amas?
- Te adoro.
- ¿Cuándo volveremos a vernos?
- Cuando tú quieras.
- ¿El próximo jueves?
- Me encantaría.
- De acuerdo, nos vemos entonces.
- ¿No se te olvida algo?
- ¡Ah, sí! Un último beso.
- No, no es eso.
- ¿Entonces?
- Son 300 euros.
viernes, 18 de mayo de 2012
AVENTURA EQUINOCCIAL EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL
Entro en la biblioteca,
con mi listado de libros en la mano, y me dirijo a la sección de
novelas. J, de Jalvin, Linda: no hay nada; B, de Batuille, Georges:
no hay nada; Nin, Anais: nada; "Memorias de una pulga",
anónimo: ni por asomo; Mi último recurso, la más conocida,
Almudena Grandes y "Las edades de Lulú": nada de nada.
Busco entonces por tema, a ver si tienen un apartado de novela
erótica (no penséis mal, es para un trabajo de clase), y nada de
nada, por lo que tengo que acercarme a la bibliotecaria para pedirle
algún libro sobre el tema.
- Allí -me señala.
- No -protesto, pues sé
a lo que se refiere- no quiero amor, quiero sexo.
Me mira un poco
desconcertada, como si nunca le hubiesen hecho esa petición, y me
dice que va a mirar en el almacén a ver si hay algo, y después de
un rato, sin duda hurgando entre libros obsoletos y cucarachas
momificadas, regresa con tres tristes libros, encuadernados en rosa
como si quisieran así disfrazar su interior erótico.
- Esto es lo que hay.
Bueno, pues habrá que
conformarse con eso: tres libros eróticos en toda la biblioteca,y ni
se le ocurre mirar en el ordenador el listado de otras bibliotecas,
porque sin duda son igual de pobres en la materia, ¿cuántos libros
me hubieran encontrado, si les hubiera pedido sobre crímenes?
lunes, 14 de mayo de 2012
TÚ LA LLEVAS
Si quieres vivir, tienes que jugar.
La muerte te persigue, y tú buscas escondite. Ella cuenta hasta cien, y tú corres, dejas tu improvisado escondrijo y buscas otro mejor, pero quedas al descubierto, te ha visto. Te mira, y sonríe. Su boca desdentada se estira en una mueca que te estremece, y vuelves a correr, intentando llegar a un lugar seguro, intentando evitar que su huesuda mano llegue hasta tu hombro, te toque y te marque, pero tú te cansas, y ella no, y al final ya no la ves tan horrible, su sonrisa provoca tu sonrisa. Te mira, y la miras. Te busca, y la buscas. Te desea, y la deseas. Te abraza, y la abrazas. Sus huesos se funden con tu carne, y su muerte se funde con tu vida.
Ahora pagas tú.
La muerte te persigue, y tú buscas escondite. Ella cuenta hasta cien, y tú corres, dejas tu improvisado escondrijo y buscas otro mejor, pero quedas al descubierto, te ha visto. Te mira, y sonríe. Su boca desdentada se estira en una mueca que te estremece, y vuelves a correr, intentando llegar a un lugar seguro, intentando evitar que su huesuda mano llegue hasta tu hombro, te toque y te marque, pero tú te cansas, y ella no, y al final ya no la ves tan horrible, su sonrisa provoca tu sonrisa. Te mira, y la miras. Te busca, y la buscas. Te desea, y la deseas. Te abraza, y la abrazas. Sus huesos se funden con tu carne, y su muerte se funde con tu vida.Ahora pagas tú.
lunes, 7 de mayo de 2012
Una mirada
La cara marchita le observaba con una intensidad absorvente, como si quisiera guardar en su fallida memoria todos los rasgos, como si intentara en vano recordar quién era aquel extraño que a su vez le miraba. Los ojos vacuos buceaban en el espeso aire. Las manos arrugadas se levantaron lentamente en un saludo que no llegó a efectuarse, que le cansó antes de completar el movimiento, que le dejó de nuevo quieto, perdido en su inmovilidad, ahogándose en aquel seco océano de su propia ancianidad. Dio media vuelta, un pie detrás del otro, en un lento baile que le separaba de sí mismo, del reflejo que el espejo le devolvía, y no pudo ver cómo su imagen seguía sus movimientos, observando a aquel anciano que a lentos pasos se alejaba de él, de la persona que fue y que ya no era.
domingo, 6 de mayo de 2012
De nuevo la cámara del tiempo me traslada al siglo veintiuno, a mi siglo... ¿a mi siglo? ¿y por qué entonces añoro ahora esas cosas que el espacio geográfico me ha hecho recordar? No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor, evidentemente, pero sí hay cosas que habría que recuperar, sobre todo esa tranquilidad, esa falta de stress, ese encogerse de hombros cuando preguntas "¿cuándo sale el autobús?" ¿qué importa cuando salga, cuando llegue a su destino? ¡hay que disfrutar el momento, hay que vivir el viaje, sin preocuparse del destino que, como todos los destinos, es el fin de todo!
sábado, 5 de mayo de 2012
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