viernes, 14 de junio de 2013

ESPAÑA VA BIEN

Pollo, cordero, ternera,
piña, melocotón, pera,
lenguado, atún, lubina,
o la sencilla sardina.
Los precios están muy altos,
pero nuestros gobernantes,
pensando siempre en nosotros,
dan solución aplastante:
Buena y barata proteína
presente en nuestra cocina.
Insectos a troche y moche
es su respuesta al derroche.
¿Qué más da un percebe
o una cucaracha?
Remueve, remueve,
y harás buenas gachas.
Con tan poco esfuerzo
España irá bien,
España irá... ¿a dónde?
Y los españoles, ¿la podrán seguir?
Iremos tras ella,
andando, corriendo, jadeando,
alimentando nuestra ira con solomillo de grillo,
alimentando la rabia comiendo patas de araña,
alimentando el enojo con un buen guiso de piojo,
hasta que, como de langostas plaga,
tomemos del cazo el mango
y en nuestras manos la daga.

GUERNICA



Los gritos de tu dolor llegan hasta oídos sordos:
tu hijo ya no te escucha.
Tus ojos, ciegos a cualquier esperanza,
son lágrimas desnudas.
Tal vez esa mano muerta, a tus pies,
intente consolar tu inconsolable llanto,
o solo quiera agarrar esa vida que se escapa,
ese dolor que desaparece,
consumido en si mismo.


El cuerpo retorcido de una yegua
es el dolor de la inocencia.
es el dolor de la injusticia,
es el dolor del dolor mismo.
Esa única luz, entre tanta oscuridad,
¿es promesa, confianza, o tan solo es necedad?
El pájaro negro extiende sus alas,
hace un guiño amargo a esa fantasía,
cubre de sal el brote más tierno,
ríe con tu desconsuelo,
ríe con tu suplicio,
ríe con tu angustia, con tu congoja, con tu tormento,
tu mal le alimenta, y tu pesar le da nuevas alas,
nuevas alas que extiende sobre tu cuerpo ya muerto,
sobre tu muerta esperanza.



lunes, 3 de junio de 2013

Caligrama


Sí.
Vienes.
Te espero
y me desespero.
Tu ausencia me mata.
Si no estás cerca, me muero.
Sí.
Ven.
Ya.
No tardes, o no me encontrarás.
Echaré raíces, y me perderás.

sábado, 1 de junio de 2013


¡Kikirikí-kikiricó!
El gallo despierta al alba,
alba que sueña que es noche,
noche que escucha borracha.
¡Tic-tac, tic-toc!
El despertador bosteza,
y llora, y ríe, y grita, y estremece
mi dormido cuerpo todavía durmiente.
Tengo que despertar, y no puedo.
Tengo que levantarme, y no puedo.
Y muevo un dedo, y un pie, y una mano,
mi cuerpo se arrastra hasta la cocina,
el café espeso es peso en mi estómago
y rasga el silencio como una bocina:
Se pierde la vieja noche.
Me pierdo en el nuevo día.



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