Era
de noche, estaba sola en casa,
cuando
escuché los golpes en la puerta,
y
no dudé en mantenerla abierta,$
dejando
paso a la hedionda masa.
Era
tan solo una vacía carcasa
con
la fría osamenta descubierta,
y
con la luz de su mirada muerta
el
frío ardor mi corazón abrasa.
Me
observó con su sonrisa helada,
me
sonrió con sus ojos vacíos,
me
susurró con esa voz callada
con
la que ataba sus huesos con los míos.
Yo
la dejé descansando en mi almohada
y
corrí a paisajes más sombríos.
