En
otoño nunca pierdes tus hojas,
que
mis manos acarician,
que
una a una deslizan
sin
que por ello te encojas.
A
otros mundos contigo viajo,
me
conviertes en rana o princesa,
me
acercas a la luna en calesa,
o
me asustas con la cruz y el ajo.
No
temas, no cambiaré tu cuerpo histórico
por
tu joven hermano electrónico.
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