jueves, 29 de septiembre de 2011

Increible

 El pasado lunes tenía cita en la nueva FE. Como la tengo muy, pero que muy cerquita de casa, me levanté temprano pues la cita era a las  10:30, por lo  que a las 8:45 ya estaba en la parada del autobús. Tras una espera de 10:00 minutos, empezó mi viaje. Una hora aproximada de turismo por Valencia.
    Llegada al hospital y busqueda de la torre C planta 6ª. Un larguisimo pasillo hasta llegar al ascensor, donde una cola de treinta o cuarenta personas esperaban para utilizar uno de los tres ascensores que hay.Llego por fín a la 6ª planta y me enfrento con una maquinita contestataria que ha decidido no trabajar ese día, y no expende los números de la consulta.
    Me remiten a un despacho donde una enfermera hace mi hoja de programación de visita, y resulta que oftalmología no se encuentra en la torre C si no en la B, vuelta a empezar con cola incluída. Una vez localizada, y con mi numero de consulta en la mano, la enfermera me indica hacia donde dirigirme. Por más que busco la consulta "mising" vuelta a información, resulta que las consultas están cortadas por un pasillo y la mía está al otro lado.
    ¿ Será mi sino perder habitaciones de hotel y consultas?
  Tras una larga espera me hacen la prueva para la que fuí, y vuelta a hacer turismo de regreso que fué a las 12:45.
        ¡Como te añoro mi vieja FE!
   P.H.Y.

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Instinto?

La encina está cargada de bellotas, y además del fruto, el árbol ofrece una sombra en la que se refugia el poco aire fresco que circula por la montaña; un círculo imperfecto, oscuro, en el que nos refugiamos mientras observamos el nítido paisaje, oyendo allá abajo el relincho de un caballo, el ladrido de un perro, el grito de un niño. Mi perro corre alegremente, como siempre que le llevo al campo, pero se detiene como yo a la sombra de la encina, baja el morro hasta el suelo, lo pega a la tierra, y esnifa groseramente, luego me mira, con esos asombrosos y asombrados ojos castaños, se tumba y adelanta la pata hacia la ligera ondulación de la tierra, hacia esa zona un poco más hundida, y desde allí me vuelve a mirar, preguntando mudamente. "Sí, es aquí" le respondo con palabras, al tiempo que le abrazo y lloramos juntos, yo con agua en los ojos, él con lágrimas en el alma, y así estamos unos minutos, hasta que decidimos alejarnos del hermoso lugar donde descansan los restos de nuestra antigua amiga.
M.J.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

En el bosque

Era una loba solitaria, desde siempre, nunca se había sentido a gusto en la manada, a pesar de que su naturaleza sociable la impelía a rodearse de los suyos, y finalmente estaba sola. Bebió agua del manantial, y le satisfizo la imagen que el arroyo la devolvía, aquel pelaje gris, lustroso, aquellos ojos castaños, rasgados, inteligentes, aquellos bigotes sensibles, retráctiles... sí, era un hermoso ejemplar, pero tenía hambre, llevaba un par de días sin tomar bocado, y el estómago comenzaba a molestarle cuando golpeó su fino olfato aquel inconfundible olor, olor a comida, olor a alimento, el olor de aquel peludo animalillo que, como ella, bajaba a saciar su sed: movía las patitas delanteras, estiraba el cuerpo, adelantaba luego las patas traseras, más largas, en un gracioso saltito que volvía a convertir su cuerpo en una suave pelota peluda, mientras las largas orejas se movían en todas direcciones.
La loba asumió de inmediato la posición de acecho, su cuerpo elástico se encogió hasta casi desaparecer entre la hierba, y sus ojos se entrecerraron para enfocar a su presa.
El gordo y suave conejo seguía moviéndose lentamente, paso a paso, hacia la orilla.
La loba seguía moviéndose lentamente, la cabeza gacha, paso a paso hacia la orilla, hacia su comida que cada vez estaba más cerca, más al alcance de sus fauces abiertas, del morro que se le encogía como un acordeón, mostrando los ansiosos colmillos.
Apenas un par de metros separaba a ambos animales, el olor se hacía irresistible, la boca comenzaba a gotearle, y el conejo se detuvo, asustado, todavía sin saber qué pasaba, pero notando que algo no iba bien. También la loba se detuvo, convertida en estatua, sabiendo que solo tenía que saltar para caer sobre aquel precioso peluche que ahora la estaba mirando, que alargaba sus bigotes hacia ella, olisqueando, el cuerpo tembloroso, ansioso, con tanto terror como admiración, tal vez deseando en lo más hondo que aquel hermoso depredador lo convirtiese en su cena, y la loba no podía hacerlo, relajó el cuerpo, se acercó hasta el límpido manantial, y bebió el mismo agua que bebía el conejo, los dos juntos, los dos pelajes confundidos, los dos olores entremezclados, los dos corazones latiendo a un mismo ritmo acelerado, confuso.
M.J.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La arquera

Cruzo el puente, mi arco está preparado para cualquier eventualidad, y cuando los orcos atacan los masacro; sigo mi avance, aparecen más enemigos, y mi amigo el centauro me ayuda con sus envidiables coces; el mago me vende unas pócimas; los goblins se multiplican a mi alrededor; el alcalde me pide ayuda para encontrar a su hija secuestrada, mientras el herrero asegura que en ese pueblo estoy de más. Subo a mi caballo y parto veloz hacia mi siguiente misión, pero una horda de ogros sale de una cueva, atacándome con martillos y mazas, y después de matar a mi caballo, consiguen aniquilarme a mi... que renazco al otro lado del puente... 
¡Esta juventud, qué modo de perder el tiempo con los video-juegos! Me parece que esta noche ceno un bocadillo de fiambre, que tengo que subir de nivel.
M.J.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Domingo

Es domingo, septiembre, pero sigue haciendo calor, el sol entra por el balcón sin que nada le detenga, ilumina con su esplendor, y busca una piel adecuada para provocarle un cáncer de piel; espero que lo haga en la playa, donde todos esos cuerpos sudorosos se pelean por un par de metros cuadrados de superficie caliente, temerosos de que llegue el crudo invierno y ya no puedan hacerlo. Yo consagro el domingo al sofá, al ordenador, a las tostadas con crema de chocolate, a ese no hacer nada que tan dificil de conseguir es en ocasiones, a ese aburrimiento que se disfruta cuando no nos viene obligado. Y el verbo se hizo... verbo, adjetivo, sustantivo, se hizo pasado y futuro, y habitó entre nosotros, y le fumigamos como a una plaga, y le devoramos como sobervio manjar. Levanto mi vaso vacío, me limpio las manchas de chocolate que, no sé cómo, han llegado hasta mis muslos desnudos, y mientras pienso qué puedo hacer el resto de las horas de este domingo luminoso, vuelvo a tumbarme en el sofá. Podéis ir en paz.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Vacaciones soñadas


Es casi noche cerrada cuando llegamos al pintoresco y bonito bungalow que el hotel, donde un grupo de amigas hemos decidido pasar unos estupendos días de vacaciones nos ha reservado.
Una cena ligera y a descansar, pues el viaje nos ha agotado.
Con los primeros rayos de sol me despierto, y aprovecho para conocer el entorno y apreciar la vegetación que nos rodea, por ello al volver a la habitación expreso en voz alta mi satisfacción.
-¡ Es perfecto |! Nunca creí que pudiésemos pasar unos días de asueto en un sitio tan encantador, debemos de aprovechar el tiempo.
-¿Chicas estáis preparadas ? La playa nos espera.
-¿Ya estás despierta ?
-¡Claro! Lo estoy desde hace un buen rato, ya dí mi paseo matinal, he recorrido los alrededores que son preciosos; una lengua de roca se adentra en el mar, como si fuera un trampolín natural,invitándote a visitar sus azules y cristalinas aguas,cuyo fondo te muestra un precioso mosaico de formas y colores. Cerca hay un bonito y alegre restaurante en cuya terraza la brisa del mar te acaricia el rostro mientras degustas las “delicatessen “ que en él sirven.
-¿ Todo lo que nos cuentas lo has descubierto esta mañana dando un paseo ?¿ Ha que hora te has levantado?
-A las siete, no soy como otras, que les cuesta abandonar el lecho, y cuando lo hacen tardan un montón hasta ponerse en movimiento. Hablando de movimiento, si no nos apresuramos nos quedaremos sin desayunar, pues la hora en que finaliza el servicio está cercana.
-Tal y como decías el paisaje es encantador, y el entorno una invitación a la lectura, conversaciones íntimas y relajación. Esta nos vendrá muy bien si queremos estar en forma para la fiestecita que se anúncia en el hotel esta noche.
-¿ Hay una fiesta en el hotel ?
-¡ Hija claro!No te enteras de nada.¿ Se puede saber de que te sirve madrugar tanto?
-Pues mira, sirve para que no nos quedemos sin desayunar, por ejemplo.
-Bien, como ya hemos tomado nuestro desayuno, estupendo por cierto, podíamos dar un paseo y así programar nuestra velada, que tiene que ser inolvidable.
¡Miradme chicas !¿Qué os parece mi modelito? Esta noche quiero comerme el mundo.
-Para .Para. Deja algo para tus amigas, ya sabes lo que dice el refrán “que el tambor también es tropa.” En este caso “tambores “.
La tarde cae lentamente cuando nos dirigimos al salón del hotel que desde lejos se ve profusamente iluminado, una suave música invita a compartir y disfrutar la embriaguez de la noche, que acompañada por la ligera brisa y el murmullo de las olas al acariciar la todavía tibia arena, promete ser inolvidable.
-¡ Mamá!Ya estoy en casa y tengo mucha hambre,¿Dónde está mi merienda?
-¡Mamá.Mamá!¿Donde estás?
-Regresando de mis vacaciones hijo.Regresando de mis vacaciones.
P.H.Y.

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