Cruzo el puente, mi arco está preparado para cualquier eventualidad, y cuando los orcos atacan los masacro; sigo mi avance, aparecen más enemigos, y mi amigo el centauro me ayuda con sus envidiables coces; el mago me vende unas pócimas; los goblins se multiplican a mi alrededor; el alcalde me pide ayuda para encontrar a su hija secuestrada, mientras el herrero asegura que en ese pueblo estoy de más. Subo a mi caballo y parto veloz hacia mi siguiente misión, pero una horda de ogros sale de una cueva, atacándome con martillos y mazas, y después de matar a mi caballo, consiguen aniquilarme a mi... que renazco al otro lado del puente...
¡Esta juventud, qué modo de perder el tiempo con los video-juegos! Me parece que esta noche ceno un bocadillo de fiambre, que tengo que subir de nivel.
M.J.
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