sábado, 19 de enero de 2013

Noche

Cae la noche, no sé desde qué altura, no sé si se romperá al caerse, ni sé qué pasará si la noche se rompe, ¿nos quedaremos sin noche? ¿será eterno el día? Mejor no pensarlo, mejor dejar que la noche, estúpida ella, siga cayendo una y otra vez. 
Seguimos: cae la noche, y su manto negro lo oculta todo. Pues claro, lleva un manto tan largo que se tropieza con él, y por eso se cae, aunque no antes de ocultarlo todo, para que nadie sea testigo de su lamentable estupidez, de su repetida caída.
En fin, dentro de unas horas volverá a nacer el día, porque ese no cae, ese nace, ¿por qué no nos cae el día encima, y lo cubre todo con su luz brillante?
Bueno, me voy a dormir, antes de que la noche me caiga encima y me rompa la crisma.

miércoles, 9 de enero de 2013

Miro el reloj, solo por confirmarlo: las 5 de la madrugada. No era necesaria la consulta, el techo, sobre mi, retumba con el ágil taconeo, al que acompañan los acostumbrados sonidos: el abrir y cerrar de puertas y ventanas, el gorgoteo del agua hirviendo, y el ruido de la cisterna, sonidos todos que me dicen la hora mejor que el propio reloj, y yo, también como siempre, me tapo la cabeza con la sábana, ocultando mi miedo para que nadie más pueda verlo, porque vivo en el último piso, y sobre mi, no hay nadie.

jueves, 3 de enero de 2013

2013

El 2013 ha llegado, nadie sabe que ha pasado... pues eso, un año más, un año menos, lo pasado queda atrás, lo futuro por delante, y el hoy nos recibe con sus brazos abiertos, esperando los buenos propósitos de todos los eneros: dejaré de fumar (si no fumo), iré al gimnasio (bueno, mejor que venga el gimansio a mi, que hay la misma distancia), aprenderé inglés... bueno, ya llegará diciembre, y mientras me trague las doce uvas, como pavo glotón, lo único importante habrá sido llegar hasta ahí, gorda, y malhablando español, y tal vez incluso fumando, ¿qué más da?

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