martes, 31 de julio de 2012

PERDIDAS Y AFORTUNADAS


Mapa en mano, pisando el acelerador, y dispuestas a recorrer la isla, esta vez hacia el norte, hacia Corralejo.
- Toma.
Mi compañera me tiende el mapa que, como es natural, sin las gafas puestas, no distingo en absoluto, lo que nos hace reír.
- Por lo menos nos reímos -comenta ella.
- Claro, porque somos dos tías -le contesto- si fueras un hombre me dirías: "es que estás tonta, ¿por qué no te pones las gafas?"
Ella vuelve a a reír, y luego contesta:
- Pues va a ser que sí, que tienes razón.
Y nos solazamos en las Grandes Playas, después de entonar el cuerpo con nuestros queridos barraquitos, y encantadas de ser dos mujeres afortunadas, en las Islas Afortunadas.
 
 ( Relato finalista en un concurso, cuyo tema era Corralejo)

lunes, 30 de julio de 2012

PIDE UN DESEO


Entre los tesoros del trastero, ninguno tan precioso como aquella vieja botella de brandy, tan antigua que, después de mirar a su alrededor para asegurarse de que nadie la observaba, decidió darse el gusto de frotarla suavemente, esperando ver aparecer el genio de la botella, y pedirle sus tres deseos. El genio no apareció, pero la botella se abrió y, después de varios tragos de su contenido, sintió que todos sus deseos se habían cumplido.

sábado, 28 de julio de 2012

REBAJAS (Final)


Ella sonrió como respuesta, tal vez sonrojándose un poco, no tanto por el encubierto ofrecimiento de su marido, sino por la culpa que sentía por estar ocultándole algo, aunque fuera algo tan insignificante como una compra que no sabía cómo utilizar.
Sí, tenía que usarlo esa misma noche, la noche del sábado, la noche del noveno día desde el que comprara el tremendo chollo, que descansaba en el fondo de un cajón, aguardando el momento de ser utilizado.
Para cenar, no se limitó a las pizzas, también preparó los filetes de ternera con salsa de ostras, como a él le gustaban, aunque a ella no le hacía demasiada gracia.
- Cariño, está todo delicioso, ¿no bebes conmigo?
- No, gracias, prefiero agua.
Él se encogió de hombros, tomando otra copa de aquel maravilloso vino, que le había costado bastante menos de lo que en realidad valía.
- No he hecho postre, ¿quieres unos higos?
- No te preocupes, está todo bien.
Sí, estaba bien, pero ella sentía que los ojos se le llenaban de agua, y tenía que mirar hacia otra parte mientras él se deslizaba en el sofá, lentamente, con una flojedad tranquila que le hacía sonreír beatificamente.
- ¿Qué te ocurre? -él conseguía apenas ver a su mujer, entre la bruma del alcohol, pero incluso así era consciente de que estaba llorando, y cuando le hizo la pregunta, ella le respondió con un gemido- ¿por qué lloras?
- Porque te quiero -la respuesta parecía un poco incongruente, y su marido sonrió, o intentó hacerlo, porque la boca se limitó a entreabrirse y dejar salir un hilillo de baba- y te prometí que usaría todas las ofertas que comprase, antes de diez días.
Él ya no contestaba, y ella siguió llorando mientras recogía los restos de la cena, y lo tiraba todo al cubo de la basura, junto al paquete vacío de matarratas que había tenido que vaciar en la botella de vino, ¿cómo si no lo iba a utilizar, si en casa no tenían ratas?

miércoles, 25 de julio de 2012

REBAJAS (2ª parte)


...¿cómo lo usaría?
No podía pensar, los números bailaban delante de ella, 80, 80, 80... ¡es que era un descuento increíble!
¿Qué iba a hacer?
¡Lo compró!
- ¿Qué has comprado hoy?
El recibimiento de su marido la hizo sonrojarse de vergüenza, y no fue capaz de mostrarle la increíble oferta que había encontrado, se limitó a enseñarle el vestido, las sandalias a juego, y el pañuelo.
- Ya sabes -le recordó-si no te lo pones antes de diez días, lo devuelves.
¡Devolverlo! Qué palabra más horrible! ¡Si ella ni siquiera devolvía cuando algún alimento le sentaba mal, cuando la comida se descomponía en su estómago y urgía sacarla de su cuerpo!
- Sí, cariño.
Escondió el artículo más rebajado que había adquirido, mientras pensaba qué uso podía darle, lo que sirvió para mantenerla ocupada los siguientes días, para asombro de su marido, que observaba cómo pasaban la semana sin que su mujer comprase más bagatelas.
Tan contento y orgulloso estaba, por el anormal comedimiento de su esposa, que el sábado de la siguiente semana decidió ir de compras con ella, feliz al verla comportarse de forma tan sensata, sin acumular demasiadas ofertas, tan solo un par de pizzas que ofrecían a mitad de precio, y unos filetes de ternera con los que regalaban un pollo.
- Mira, yo también voy a aprovechar una oferta.
Ella no entendía de vinos, pero si él pensaba que el precio de aquella botella estaba muy bien, no se lo iba a discutir.
- ¡Pero te lo tienes que beber antes de diez días! -se burló de él.
- No te preocupes, esta misma noche desaparece la botella.
Y se lo decía con un guiño de ojos, un guiño que quería indicar que no solo bebería, que estaba dispuesto a ofrecerle algún otro tipo de placer, una noche de las que hacían historia, de las que se recordaban durante mucho tiempo.

lunes, 23 de julio de 2012

Rebajas (Primera parte)


Casi temblaba de excitación cuando salió de casa, y no era para menos, ¡comenzaban las rebajas! Las enormes letras reclamaban constantemente su atención, desde todos los escaparates: ¡Oferta! ¡Liquidación! ¡Rebajas! ¡Segundas rebajas! Su propio reflejo se unía a aquellas letras, como si ella misma fuese una oferta detrás del cristal, junto a aquellos preciosos vestidos de tonos pastel, aquellos pantalones cortos con todos los colores del arco iris, aquellas sandalias, camisetas de todos tipos... y no solo ropa, todo estaba en rebajas: libros, utensilios de cocina, muebles, relojes, perfumes...
"¿Te vas a poner eso?"
Cuando iba a comprar aquel precioso bikini, la voz de su marido se filtraba a través de la oferta, amenazándola, recordándola el pacto que habían hecho: Cualquier cosa que comprase, la tendría que usar en un plazo máximo de diez días. Y aunque el precio era de escándalo, se sentía incapaz de ponerse, a su edad y con sus kilos, aquella prenda tan diminuta, aunque preciosa.
Apenas aguantaba la ira que sentía por tener que dejar pasar aquel chollo, hasta que el vestido que vio a continuación contribuyó bastante a apaciguarla, porque, aunque era un poco corto, sin duda le sentaba a la perfección, como pudo comprobar cuando se lo probó, girando apenas en el minúsculo probador del establecimiento.
Bien, eso iba para casa, y antes de diez días se lo pondría.
Para ser el primer día, no estaba mal, tal vez mañana... Pero, ¿qué era aquello? ¡Increíble! ¡No el 20, ni el 40, ni el 60, hasta el 80 % de descuento! No podía dejarlo allí, tenía que comprarlo, aunque...

martes, 17 de julio de 2012

Segunda oportunidad


Seguía aferrado al volante, a pesar de que las ruedas del coche ya no estaban en el suelo, y mientras daba una, dos, tres vueltas de campana, vio, como se supone que ocurre en esos casos, cómo su vida entera pasaba ante sus ojos: un bebé gordito, aprendiendo a comer, aprendiendo a caminar, aprendiendo a leer, a escribir, a estudiar, a aprobar, a trabajar, a conducir... a trabajar más... sus manos rellenando formularios, del 201 al 700b, sin ninguna persona que se cruzase en su camino, sin amor, sin odio, sin siquiera indiferencia... el coche chocó contra una valla, y detuvo su incongruente carrera, tan incongruente como su vida, que se había deslizado de forma lateral, sin sentido alguno.
- ¡Amigo! ¿Está bien?
Salió por la ventanilla y observó el destrozado coche.
- ¿Amigo?
Sonreía, feliz.
- ¿Se encuentra bien?
La vida le daba una segunda oportunidad, y no iba a desperdiciarla.
- ¡Será mejor que llamemos a una ambulancia!
- ¡Señor!
- ¿A dónde va?
¿Qué importaba?

sábado, 14 de julio de 2012

Infiel

Él era su mejor amigo.
Ella era su esposa.
Una cosa era imaginarlo, suponerlo, adivinarlo, saberlo... y otra era verlo con sus propios ojos, encontrarlos a los dos en la cama, ¡en su cama! Por mucho que se hubiera preparado para algo así, seguía siendo un duro golpe, y sentía que le costaba respirar, que una serie de emociones le invadían: celos, rabia, dolor, envidia...
- Cariño...
La voz somnolienta de su esposa, que entrecerraba los ojos, molesta por la luz que él acababa de encender, todavía le desquició más.
- ¡No me esperábais tan pronto! ¿Verdad?
- Pues no.
¿Y él? Él se limitaba a mirarle, en silencio, consciente de que había actuado mal, pero sin arrepentimiento, tan solo con algo de miedo por lo que pudieran hacerle.
- Tienes algo de cena en el micro.
¿Cena en el micro? ¿Eso era todo?
Aquello era lo peor de todo, el hecho de que ninguno de los dos le dieran la menor importancia, como aceptando que aquello ocurría muy a menudo, y seguiría ocurriendo.
Su esposa se dio media vuelta, y él, su mejor amigo, se limitó a mover levemente la cola, aunque sabía que le seguiría a la cocina en cuanto le llegase el olor de la cena.



lunes, 9 de julio de 2012

Cuestión de tiempo

El camino seguía, seguía, seguía... pero el caminante estaba agotado y se tuvo que sentar a descansar, a la sombra de un álamo, escuchando el suave sonido del agua que corría, y corría y corría, allá abajo, ¿hacia dónde iba el camino? ¿hacia dónde iba el río? ¿hacia dónde iban las montañas? Porque las montañas también se movían, despacio, arrastrando su enormidad, sin la ligereza del río, sin el metafórico movimiento del camino, sin la agresividad de ninguno de ellos, con una pasividad lenta, pero segura, acercándose al hombre que meditaba, a ese nuevo Mahoma que esperaba, con paciencia infinita, que la montaña llegase hasta él.

sábado, 7 de julio de 2012

Yo pienso, tú piensas...


... y plantaré margaritas en... Italia puede ser un buen lugar, aunque... el calor es tan insoportable como el frío, y los niños... con el perro tenemos que ir a un camping, porque... el sol le tiene quemado, y no quiere... helados, de chocolate, de fresa, de... ¿cuál de todas esas ideas es la mía? No lo sé, siento que el sol abrasador evapora la ideas, se cruzan unas con otras, y forman al caer sobre los calientes cuerpos un halo oscuro... no, no es la melanina la culpable de nuestro tono tostado, sino todas esas ideas que, una vez volatilizadas, se difuminan y convierten en una nueva piel, que nos protege de nuestro propio sopor, convirtiendo el verano en una enorme caldera hirviente de ideas que, de año en año, guardamos para los largos días de invierno.

martes, 3 de julio de 2012

EN UN LUGAR DE LA MANCHA


En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor... no quiero acordarme, pero no consigo olvidarlo, la triste figura triple de perro, caballo y hombre, caminando cansinamente por la carretera, aparece una y otra vez en mis noches de insomnio.
Cuando los vi a lo lejos, lo primero que se me ocurrió fue que se trataba de la muerte, ni más ni menos, ¿qué otra cosa podía ser aquella trinidad esquelética que avanzaba hacia mí? El sol me daba en la cara, y apenas distinguía rasgos distintivos, pero no disminuí la marcha, puede que, por el contrario, incluso apretase un poco más el acelerador, intentando llegar lo antes posible ante aquella macabra aparición, y sobrepasarla.
El aire parecía enfriarse a medida que me aproximaba al famélico grupo, y el sol comenzó a enturbiarse entre nubes de aparición repentina.
El grupo se atravesó en la carretera, cerrándome el paso, mientras el caballero apuntaba hacia mi su lanza, y las únicas opciones que me quedaban eran detenerme, o acelerar todavía más y arrasar con ellos, y aunque lo último era lo que me pedía mi propio miedo, mi pie tomó su propia decisión y detuvo el automóvil a escasos dos metros del agresor.
- ¡Alto ahí! -me increpó, con una voz potente que desmentía su aparente debilidad- ¿Quién osa atravesar estos páramos?
Sería gracioso si no fuera tan trágico.
El perro, o más bien su casi desnuda osamenta, ladraba acompañando las palabras de su amo, y solo el caballo permanecía quieto, con la cabeza gacha, buscando inútilmente entre el asfalto alguna brizna de hierba
Yo me quedé callada, buscando una salida por donde escapar de tan absurda encerrona.
- ¡Habla ya, o probarás mi lanza!
Yo no podía decir nada, sentía la boca seca como el esparto, y el pie me seguía temblando en el pedal, vacilando entre uno y otro, haciendo rugir el motor del coche al acelerar mientras pisaba también el embrague.
- ¡Tú lo has querido!
Mis atónitos ojos contemplaron la formación del grupo de ataque: el caballero azuzaba al caballo para que embistiese, mientras apuntaba con la lanza en mi dirección, y el flaco galgo trotaba desaliñadamente al lado de su compañero.
¿Me iba a despertar de un extraño sueño?
¿Aparecerían por la carretera los sanitarios de algún manicomio, buscando al paciente huido?
Nada de eso, seguía despierta, y pude notar el golpe de la lanza contra el coche, un golpe flojo, dado sin duda con todas las fuerzas del caballero, que ahora no desmentía su endeblez, y acompañado de los arañazos del galgo al ponerse de patas, intentando llegar hasta mi, no sé si para morderme o para mendigar un trozo de pan que echarse a los dientes.
El caballo estuvo a punto de caer, y desde mi metálico encierro podía ver cómo le temblaban las patas, haciendo oscilar a su jinete en un basculante baile que los mantuvo durante varios segundos en el límite entre la vertical y la horizontal, hasta que se recompusieron y me miraron como si no comprendiese que todavía estuviese allí.
- ¿Qué es esto?
Se aprestaba a repetir el ataque, y pensé que, por muy flojo que fuera, tampoco la chapa del coche aguantaría demasiados embistes, por lo que levanté el pie del embrague y el automóvil saltó con más agilidad que el equino, y de forma tan brusca que no conseguía hacerme con él. Di un volantazo para esquivar al desnutrido can, que emitió un alarido espantado, pero no pude evitar al caballero que de nuevo se volcaba contra mi.
Sí, le atropellé, en aquel lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, pero cuando miré por el espejo retrovisor, no vi nada.
Pero no pasa nada, porque aquello nunca ocurrió, y no es que no sucediera, no sé si me entendéis, es que desde que ocurrió, retrospectivamente dejó de ocurrir.
He atropellado a don Quijote de la Mancha, y desde ese mismo momento, ha dejado de existir, pero eso fue hace mucho... "era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura..."

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