Mapa en mano, pisando el acelerador, y dispuestas a recorrer la isla, esta vez hacia el norte, hacia Corralejo.
- Toma.
Mi compañera me tiende el mapa que, como es natural, sin las gafas puestas, no distingo en absoluto, lo que nos hace reír.
- Por lo menos nos reímos -comenta ella.
-
Claro, porque somos dos tías -le contesto- si fueras un hombre me
dirías: "es que estás tonta, ¿por qué no te pones las gafas?"
Ella vuelve a a reír, y luego contesta:
- Pues va a ser que sí, que tienes razón.
Y
nos solazamos en las Grandes Playas, después de entonar el cuerpo con
nuestros queridos barraquitos, y encantadas de ser dos mujeres
afortunadas, en las Islas Afortunadas.
( Relato finalista en un concurso, cuyo tema era Corralejo)
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