Casi
temblaba de excitación cuando salió de casa, y no era para menos,
¡comenzaban las rebajas! Las enormes letras reclamaban
constantemente su atención, desde todos los escaparates: ¡Oferta!
¡Liquidación! ¡Rebajas! ¡Segundas rebajas! Su propio reflejo se
unía a aquellas letras, como si ella misma fuese una oferta detrás
del cristal, junto a aquellos preciosos vestidos de tonos pastel,
aquellos pantalones cortos con todos los colores del arco iris,
aquellas sandalias, camisetas de todos tipos... y no solo ropa, todo
estaba en rebajas: libros, utensilios de cocina, muebles, relojes,
perfumes...
"¿Te
vas a poner eso?"
Cuando
iba a comprar aquel precioso bikini, la voz de su marido se filtraba
a través de la oferta, amenazándola, recordándola el pacto que
habían hecho: Cualquier cosa que comprase, la tendría que usar en
un plazo máximo de diez días. Y aunque el precio era de escándalo,
se sentía incapaz de ponerse, a su edad y con sus kilos, aquella
prenda tan diminuta, aunque preciosa.
Apenas
aguantaba la ira que sentía por tener que dejar pasar aquel chollo,
hasta que el vestido que vio a continuación contribuyó bastante a
apaciguarla, porque, aunque era un poco corto, sin duda le sentaba a
la perfección, como pudo comprobar cuando se lo probó, girando
apenas en el minúsculo probador del establecimiento.
Bien,
eso iba para casa, y antes de diez días se lo pondría.
Para
ser el primer día, no estaba mal, tal vez mañana... Pero, ¿qué
era aquello? ¡Increíble! ¡No el 20, ni el 40, ni el 60, hasta el
80 % de descuento! No podía dejarlo allí, tenía que comprarlo,
aunque...
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