...¿cómo
lo usaría?
No
podía pensar, los números bailaban delante de ella, 80, 80, 80...
¡es que era un descuento increíble!
¿Qué
iba a hacer?
¡Lo
compró!
-
¿Qué has comprado hoy?
El
recibimiento de su marido la hizo sonrojarse de vergüenza, y no fue
capaz de mostrarle la increíble oferta que había encontrado, se
limitó a enseñarle el vestido, las sandalias a juego, y el pañuelo.
-
Ya sabes -le recordó-si no te lo pones antes de diez días, lo
devuelves.
¡Devolverlo!
Qué palabra más horrible! ¡Si ella ni siquiera devolvía cuando
algún alimento le sentaba mal, cuando la comida se descomponía en
su estómago y urgía sacarla de su cuerpo!
-
Sí, cariño.
Escondió
el artículo más rebajado que había adquirido, mientras pensaba qué
uso podía darle, lo que sirvió para mantenerla ocupada los
siguientes días, para asombro de su marido, que observaba cómo
pasaban la semana sin que su mujer comprase más bagatelas.
Tan
contento y orgulloso estaba, por el anormal comedimiento de su
esposa, que el sábado de la siguiente semana decidió ir de compras
con ella, feliz al verla comportarse de forma tan sensata, sin
acumular demasiadas ofertas, tan solo un par de pizzas que ofrecían
a mitad de precio, y unos filetes de ternera con los que regalaban un
pollo.
-
Mira, yo también voy a aprovechar una oferta.
Ella
no entendía de vinos, pero si él pensaba que el precio de aquella
botella estaba muy bien, no se lo iba a discutir.
-
¡Pero te lo tienes que beber antes de diez días! -se burló de él.
-
No te preocupes, esta misma noche desaparece la botella.
Y
se lo decía con un guiño de ojos, un guiño que quería indicar que
no solo bebería, que estaba dispuesto a ofrecerle algún otro tipo
de placer, una noche de las que hacían historia, de las que se
recordaban durante mucho tiempo.
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