martes, 17 de julio de 2012

Segunda oportunidad


Seguía aferrado al volante, a pesar de que las ruedas del coche ya no estaban en el suelo, y mientras daba una, dos, tres vueltas de campana, vio, como se supone que ocurre en esos casos, cómo su vida entera pasaba ante sus ojos: un bebé gordito, aprendiendo a comer, aprendiendo a caminar, aprendiendo a leer, a escribir, a estudiar, a aprobar, a trabajar, a conducir... a trabajar más... sus manos rellenando formularios, del 201 al 700b, sin ninguna persona que se cruzase en su camino, sin amor, sin odio, sin siquiera indiferencia... el coche chocó contra una valla, y detuvo su incongruente carrera, tan incongruente como su vida, que se había deslizado de forma lateral, sin sentido alguno.
- ¡Amigo! ¿Está bien?
Salió por la ventanilla y observó el destrozado coche.
- ¿Amigo?
Sonreía, feliz.
- ¿Se encuentra bien?
La vida le daba una segunda oportunidad, y no iba a desperdiciarla.
- ¡Será mejor que llamemos a una ambulancia!
- ¡Señor!
- ¿A dónde va?
¿Qué importaba?

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