sábado, 14 de julio de 2012

Infiel

Él era su mejor amigo.
Ella era su esposa.
Una cosa era imaginarlo, suponerlo, adivinarlo, saberlo... y otra era verlo con sus propios ojos, encontrarlos a los dos en la cama, ¡en su cama! Por mucho que se hubiera preparado para algo así, seguía siendo un duro golpe, y sentía que le costaba respirar, que una serie de emociones le invadían: celos, rabia, dolor, envidia...
- Cariño...
La voz somnolienta de su esposa, que entrecerraba los ojos, molesta por la luz que él acababa de encender, todavía le desquició más.
- ¡No me esperábais tan pronto! ¿Verdad?
- Pues no.
¿Y él? Él se limitaba a mirarle, en silencio, consciente de que había actuado mal, pero sin arrepentimiento, tan solo con algo de miedo por lo que pudieran hacerle.
- Tienes algo de cena en el micro.
¿Cena en el micro? ¿Eso era todo?
Aquello era lo peor de todo, el hecho de que ninguno de los dos le dieran la menor importancia, como aceptando que aquello ocurría muy a menudo, y seguiría ocurriendo.
Su esposa se dio media vuelta, y él, su mejor amigo, se limitó a mover levemente la cola, aunque sabía que le seguiría a la cocina en cuanto le llegase el olor de la cena.



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