Sábado: después de un vuelo sin complicaciones, llegamos a Malta, buscamos el autobús a Valleta, la capital, y después de pagar un euro por subir al cochambroso autobús, nos damos cuenta de que es nuestro primer timo: sólo cuesta 0.47, pero el conductor pasa de devolvernos nada. De allí otro autobús a Buggiba, en el que ya pagamos lo que marca el ticket, y comiendo sin dejar de caminar llegamos al hotel, y consigo rellenar en inglés el cuestionario que me presentan, ¡bien por mi! Por los alrededores del hotel solo hay una iglesia feísima, supuestamente moderna. Después de cenar, un paseito por la costa, y decido entrar en un local de internet para charrar un rato con mi hijo y que sepa que estoy bien, ¿y el teclado? ¡un horror! ni encontraba la @, ni tenía acentos, ni la "ñ" por ningún sitio, era un teclado inglés, y se me pasaban los minutos sin apenas escribir, pero finalmente consigo mandar el mensaje.
Domingo: después de desayunar intento chapurrear en inglés buscando un enchufe de tres patas para que mi compañera pueda utilizar el secador de pelo, y nos responden en español dos chicas, Inma y Susana, una pareja de lesbianas que nos aconsejan comprarlo en la capital, y después de hablar un rato (eso se lo dejo a mi compañera, que a diferencia de mi habla hasta con las piedras, mientras yo, ¡qué risa! me reservo para el inglés), decidimos ir con ellas todo el día, aprovechando que tienen alquilado un coche. Nos llevan al mercado del pescado en Marsaxlokk; a la Blue Grotto, que es una auténtica maravilla, con sus aguas de color turquesa rodeadas de corales y entre acantilados inmensos; al templo de Hagar Qim, que son cuatro piedras tapadas con un inmenso y horroroso plástico; al Popeye Village, un parque temático solo para niños, sin más interés; paramos para comer, pizza, que es lo más común en toda la isla, regado con abundante cerveza, con lo que yo hablo casi tanto como mi compañera; reposamos en una calita, y finalmente regresamos al hotel que compartimos, deteniéndonos en todos los chiringuitos en busca de compresas para Inma, y encontrando modelos tan antiguos, que podrían rivalizar con los templos anteriormente nombrados.
Lunes: dedicamos el día a callejear por Valleta, nos encontramos otro mercadito, innumerables iglesias rodeadas de bombillitas, que se ve que es algo típico allí, así como los buzones rojos, y las cabinas del mismo color. Entramos en Casa Rocca Piccola, un antiguo palacete, cuya visita, por supuesto, nos hacen en inglés, y con mis apenas cuatro palabras tengo que ir traduciendo a mi compañera, pero no importa, cuando no entiendo algo me lo invento, y listo. De allí intentamos visitar el Fuerte San Elmo, pero la policija nos intercepta el paso porque está cerrado al público, y no me sirve de nada decir que no entiendo el idioma, cuando veo el rifle lo entiendo de inmediato.
De allí pasamos a Rabbat y visitamos las catacumbas, pero no queda ningún hueso ni calavera, solo huecos en las piedras.
Luego Mdina, una ciudad amurallada, donde visitamos también el museo de la tortura, un poco tosco, pero al menos original.
Ya en el hotel, se dispara la alarma de incendios, y todos nos asomamos a los pasillos medio desnudos, riéndonos al ver que no pasa nada.
Martes: después de ir a Paola, nos encontrarnos el Hipogeo cerrado, vamos a visitar el templo neolítico de Tarxien: restos de una Venus neolítica de la fecundidad, alguna vasija, unos cuantos grabados, y piedras sueltas. De allí queremos ir a Las Tres Ciudades, y como está lejos, aceptamos subir al coche de un desconocido que se brinda a llevarnos, y como habla un poco italiano le dejo las explicaciones para mi compañera. Callejeamos por Conspicua, Vittoriosa y Senglea, y todavía nos sobra tiempo para ir a un centro comercial.
De vuelta al hotel, por la noche, nueva alarma de incendios.
Miércoles: tomamos el ferry a Gozo, una isla menor con impresionantes vistas, como la ventana azul, y el lago esmeralda, y allí conocemos a otra española, Begoña, que casi se mata entre las cortantes rocas, y estuvo su buen rato chorreando sangre; como no encontrábamos la Ciudadela, de nuevo un desconocido se brindó a acompañarnos, esta vez andando; y posteriormente buscamos la Ninu´s Grotto, una cueva con estalactitas y estalacmitas, que, curiosamente, encontramos en una casa particular, esperando a que la dueña descendiese por una silla mecánica acoplada a la escalera, y que se atascaba, por lo que cinco minutos después vimos salir a una mujer de unos 120 cm., que nos acompañó a la cueva descubierta por su abuelo: un agujero con cuatro estalactitas y cuatro estalacmitas.
Decidimos buscar la Gruta de Calipso, donde, según la leyenda, la ninfa Calipso tuvo a Ulises durante siete años, y después de que un hombre nos dijera que era gratis, una vieja nos grita algo en maltés que finalmente entendemos que es una linterna que nos ofrece por dos euros, para ver la oscura cueva, pero que solo nos la alquila, y luego se la tenemos que devolver, bien, buscamos la cueva, y encontramos un cartel que nos prohíbe pasar porque es peligroso, pero entramos, unos cuatro metros, y nada más, no hay nada más, por lo que decido subir por la montaña y esquivar a la vieja, para por lo menos llevarme la linterna.
Como se nos hizo tarde, perdimos el último bus a Buggiba, y conseguí que dos pipiolos que solo hablaban inglés nos acompañasen hasta cerca de nuestro hotel.
Jueves: Pasamos a otras islas más pequeñas: Comino y Cominoto, primero en barco, y luego en una lancha motora, para ver la laguna azul, y otras cuevas.
En el hotel se repite la alarma de incendios, de la que ya no hacemos caso.
Viernes: Nos dedicamos a descansar, en la piscina al aire libre, la climatizada, y el jacuzzi, rodeados de una familia italiana que parecen de la mafia, que lo ocupan todo tanto en la piscina como en el restaurante.
Sábado: Mientras me ducho para preparar la partida, una nueva y más prolongada alarma de incendios, pero nuevamente infundada. Y volvemos a Valencia, terminando la semana de vacaciones en Malta, y pensando ya en el siguiente viaje.