Querido y deseado...
¿Cómo se puede expresar con palabras lo que siente el corazón? Sería necesario inventar un nuevo idioma para poder decirte todo lo que siento cuando te veo, cuando estoy cerca de ti, cuando me hablas aunque sólo sea para preguntarme la hora; tendría que inventar nuevos sonidos para comunicarme, para que con ellos entendieras cómo mi vida entera está en pausa cuando tú no estás a mi lado, cómo mi corazón deja de latir cuando tú te alejas, y cómo toda yo me pierdo, me alejo de mí misma y corro tras tu esquiva sombra.
Te quiero...
Sólo dos palabras, muy poca cosa, pero son toda la razón de mi existencia, son la única razón de que me levante cada día, de que corra a tu encuentro incluso cuando sé que no te voy a ver, contando febrilmemente las horas que faltan para volver a tenerte a mi lado, cerca de mi, aunque tú ni siquiera me mires, aunque pases tus ojos a través de mi como si fuera de cristal, aunque no signifique nada para ti.
Te quiero...
Cierro los ojos, y escucho tu voz, esa voz que me arrastra hacia donde tú quieras llevarme, que me llevaría al mismo infierno si tú quisieras que yo estuviese allí, sin fuerzas para oponerme, sin ganas de oponerme, ¿qué significaría para mí el mismo cielo si allí no pudiese verte?
Te quiero...
Eres el único Dios en que mi alma cree, eres el único camino que quiero recorrer, eres el único árbol a cuya sombra quiero pasar mis días, eres la única luz que me ilumina, eres la única lección que quiero estudiar, eres el único problema que quiero resolver, eres mi propia vida, y eres mi muerte.
Te quiero...
Te quiero...
En silencio repito una y otra vez la fórmula mágica, esperando que a su sólo conjuro tu alma se muestre receptiva, buscando el poder de las palabras no pronunciadas, mirándote fijamente mientras las recito, intentando atar tus ojos a los míos, intentando que sientas mi presencia, intentando que sientas ese amor que me traspasa, que se expande, que no tiene medida, que da vueltas a tu alrededor como un perrillo fiel, buscando la caricia que no llega.
Te miro...
Me miras...
Pero sigues sin verme, sólo soy una más, no soy nada, no soy nadie en tu vida, y eso me destroza, eso me mata; vivo sólo para estar a tu lado, y estar a tu lado me mata, ¡que tremendo sinsentido!
Me miras...
Te miro...
Tu ligera sonrisa hace que la mía se extienda rápidamente en súbita respuesta, arrastrando mi cuerpo hacia un éxtasis que sólo los santos podrían comprender, y siento que puedo vivir varios días con sólo este recuerdo, que tan mínimo gesto puede alimentar mi alma, acostumbrada al ayuno, acostumbrada a mantenerse con las pequeñas limosnas que de tu parte recibe.