Les bastaba con la dicha simple de estar juntos, él vivía por ella y para ella, era su sombra, como ella era su sol, y cuando ella salía por la puerta, su vida quedaba en suspenso, su corazón se ralentizaba, y solo recuperaba su vigor cuando volvía a verla, desplegando una euforia de la que ella se contagiaba, y llegando al éxtasis cuando descansaba a su lado, la cabeza sobre las piernas de ella, con un suspiro satisfecho del que ella se hacía eco mientras le acariciaba con toda la ternura que él le había enseñado a sentir, con todo el abnegado amor que solo él podía transmitir.
M.J.
M.J.
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