sábado, 30 de junio de 2012

Ironía

"Todo lo abandonamos, excepto el aprender"... irónico. Tal vez las galletas de la suerte chinas acierten mejor, pero nuestros sobres de azúcar dejan mucho que desear, cuando eso es lo que le sale a un hombre que, cada día que pasa, desaprende lo que a lo largo de los años ha ido aprendiendo, ¿en qué estaría pensando Virgilio al escribir eso? ¿Aprendemos los demás de lo que desaprenden los que nos rodean, como esponjas que absorbemos la sabiduría ajena?

miércoles, 27 de junio de 2012

Con el rabo entre las piernas (recomendaciones para un buen verano)


Casi se relamió de gusto cuando vio que la rubia se iba quitando la ropa, hasta quedar solo cubierta con un pequeño bikini. La chica no le prestaba atención, miró un momento hacia el sol, y luego hacia la arena, buscando la mejor orientación y extendiendo la toalla, y luego se sentó, todavía mirando hacia la orilla, como dudando entre darse un baño de agua primero, o directamente del sol que caía a plomo sobre su piel todavía clara, todavía con la blancura del invierno que ya había dado lugar a los primeros días cálidos, más deseados precisamente por ser los primeros, y que por lo mismo la convencieron para dejarse caer a lo largo sobre la toalla... ese era el momento, cuando estaba distraída, relajada, vulnerable, y sin darle tiempo se lanzó sobre ella... pero rebotó bruscamente, ¿qué ocurría? No lo entendía, y lo intentó de nuevo, con idéntico resultado, y con la misma falta de comprensión. Como un loco, intentó repetidas veces el mismo experimento, esperando un resultado distinto, que nunca se producía, hasta que, un par de horas después, la muchacha se incorporó y rebozó su cuerpo con aquella sustancia protectora, una vez más, haciendo que, el pobre cáncer, tuviera que huir con el rabo entre las piernas.

lunes, 25 de junio de 2012

Detrás del telón

Me está gustando esto de actuar en público, quien lo iba a decir, con la angustia que me producía, y me sigue produciendo, pero una angustia morbosa y cargada de placer. Pero todavía más me gusta lo que ocurre detrás del telón, esa nueva familia que se forma, con sus miedos y sus celos, con sus rencillas más o menos encubiertas, con sus alianzas de unos contra otros, unos a favor de otros, pero todos unidos por el mismo deseo de que todo salga bien, unidos frente a ese otro grupo que, al otro lado del telón, nos está esperando, no a nosotros, sino a nuestros alter egos, en los que nos transformamos cuando se corren las cortinas y nos iluminan los focos, unos segundos después de preguntarnos ¿por que hago esto, qué necesidad tengo de pasarlo tan mal? Y cuando la representación termina y volvemos a ser nosotros, más o menos, el suspiro de alivio de que todo haya acabado, y la satisfacción cuando alguien se acerca a felicitarnos... ¡sí, me está gustando actuar en público!

viernes, 22 de junio de 2012

No quiero nada, no puedo ir a ningún sitio, no puedo hacer nada, no soy nadie, no sé nada, no estoy en ningún lugar, no voy a ningún sitio, no soy nadie... ¿amargura, desesperación? ¡No, todo lo contrario! Recordad que una doble negación es una afirmación: ¡Lo quiero todo, puedo ir a cualquier sitio, puedo hacer cualquier cosa...!

lunes, 18 de junio de 2012

INERCIA

No me gusta el fútbol, eso de ver a unos tíos hechos y derechos, peleándose por un balón, me deja fría, y lo de llegar o no llegar a cuartos de finales, pues más de lo mismo; ¿cómo, entonces, he llegado hoy a mi casa, con los dos brazos pintados con los colores de España, y cargada con banderitas y balones inflables? Pues eso, porque todos gritaban, porque hacían una "ola" muy chula, porque un muchacho joven me ha cogido el brazo, y yo he dejado que me garraparteara lo que quisiera... ¡qué fácil es seguir a la manada!

domingo, 17 de junio de 2012

En la calle

El hombre tenía piojos. El perro tenía pulgas. El hombre se rascaba. El perro se rascaba. El hombre estaba sentado en una silla desvencijada. El perro se tumbaba sobre una alfombrilla deshilachada. El tiempo pasaba lentamente. Alguien dejó caer una moneda dentro del sucio platillo, en el suelo, a los pies del hombre. El hombre levantó la cansada mirada, y no dijo nada. El perro movió la cola, hizo intención de levantarse, pero desistió sin completar la acción. Llevaban mucho tiempo juntos, el hombre y el perro. El hombre no sabe cómo se llama el perro. El perro no sabe cómo se llama el hombre. No lo necesitan.

viernes, 15 de junio de 2012

Un día de parque


Ocupaban el mismo banco todos los días, se sentaban y charlaban entre ellas, sin mezclarse con las madres que vigilaban a sus hijos, porque ellas no eran madres, a ellas las pagaban por estar allí, por pasar unas horas sentadas en el parque, por hacer lo mismo que las otras hacían de forma gratuita, altruista, egoísta.
- ¿Come ya mejor?
- Sí, últimamente parece que tiene más apetito, aunque no te creas, no pasa del medio plato.
- Pues el mío todo lo contrario, siempre tiene hambre, y protesta cuando no le doy todo lo que me pide.
- No os quejéis, que por lo menos los vuestros van al baño, no sabéis lo que es tener que cambiar pañales todo el día.
Las frases son similares a las maternas, aunque no hablen de sus hijos, y llegada la hora, las tres se ponen de acuerdo y se levantan al mismo tiempo, para recoger a sus cuidandos.
- Bueno, mañana nos vemos.
- Hasta mañana.
Ellos no dicen nada, se dejan llevar hacia sus respectivas casas, arrastrando sus viejos y cansados pies, sin saber quienes son, donde están, con quién van...

miércoles, 13 de junio de 2012

Mar de dudas

Se ahogaba en un mar de dudas, daba brazadas desesperadas, y las dudas cada vez formaban olas más grrandes a su alrededor: ¿seguirá enamorada de mi? ¿me despedirán en el trabajo? ¿podré irme de vacaciones este año? ¿será solo un grano eso que me ha salido, o...? Dudas, incertidumbre... terror, ¿cómo podía ser que la gente viviera con todas esos temores, con todas esas fluctuaciones que podían hacerle zozobrar en cualquier momento? Era insoportable, sentía que el mar de las dudas se filtraba en sus pulmones y le asfixiaba. La eterna margarita dejaba caer cada vez un pétalo: si, no, si, no...  Todos los días sube a la azotea y duda, duda, duda... ¿sí? ¿no?

domingo, 10 de junio de 2012

SERÁ EL CALOR

Hoy me encuentro mal, o mejor dicho, ni siquiera me encuentro, y eso que me he buscado. Me ha buscado en el ayer, y solo he encontrado una imagen de mi más vital,  más dinámica, a veces llorando por lo que ahora me parecen tonterías. Me he buscado en el mañana, y he encontrado una imagen oscura, lenta, a veces llorando por lo que todavía me parecen tonterías. Me he buscado en el hoy, y he entrevisto apenas una imagen tan fugaz, tan veloz en su rápida huída, en su rapido paso hacia el ayer o el mañana, que no me ha dado tiempo ni a llorar, así que he reído... no sé, no me encuentro bien, ni mal... será el calor.

viernes, 8 de junio de 2012

MÁS ALLÁ DEL AM,OR


Llevaba un rato en casa, pero la falta de respuesta la hacía olvidar la pregunta, hasta que sus ojos admitieron que la luz parpadeaba, ¿alguien había dejado un mensaje en el contestador?
Con la sorpresa pintada en su rostro, se acercó al normalmente mudo aparato, y pulsó la tecla de lectura: "Hemos encontrado a Buffy, se encuentra bien, pero tiene que pasar a recogerlo en..." y ahí una dirección.
¿Buffy? Debía ser un perro, o un gato, pero ella nunca había tenido ni perro ni gato, por lo que se trataba de una equivocación.
Estaba a punto de borrar el mensaje, pero su mente retuvo a su dedo en medio de la operación. Sí, se habían equivocado, pero no lo sabían, y si no volvían a llamar, ¿qué pasaría con Buffy? ¿Y qué pasaría con sus dueños, que tal vez estuvieran histéricos buscando a su querida y perdida mascota?
¡Bah, qué tontería! Seguro que se darían cuenta de su error y llamarían al número que correspondía, y dueños y mascota se reunirían y serían felices, aunque aquella dirección le sonaba, no estaba demasiado lejos de su casa, ¿y si se pasaba para comprobarlo?
No, qué idiotez, aunque...
También tenía que reconocer, aunque eso le costaba más, que la sugerente voz del que debía ser el veterinario contribuía a su desazón, se había sentido inmediatamente atraída hacia aquella voz tan viril, hacia aquella fuerza que emanaba de las pocas palabras que había pronunciado, y quería conocer al hombre, al dueño de aquella voz que había removido sus entrañas resecas.
No lo pensó más, no tenía nada que hacer, ni nada que perder, y después de arreglarse meticulosamente para parecer que no lo había hecho, se dirigió a la dirección que el teléfono le había transmitido.
Era una calle secundaria, sin apenas tráfico, y un bajo pequeñito, con una puerta de cristal, estrechita, que abrió con mano temblorosa.
Y allí estaba él.
En cuanto entró, sus miradas se cruzaron, y ella supo que él sentía lo mismo, que se reconocían sin haberse visto nunca, que se deseaban sin haberse conocido, que se habían buscado a través del tiempo y del espacio, como si sus almas hubiesen transmigrado de un cuerpo a otro hasta, finalmente, encontrarse.
- ¿Sí?
- Soy yo, la dueña de Buffy.
Las palabras salieron de su boca a través de los siglos, y por primera vez se sintió completa, entera, cuando el perro se puso de patas sobre ella, cuando su lengua retiró los restos de maquillaje, y cuando aquellos ojos oscuros reconocieron que sí, que ella era su ama, la que siempre había buscado, a la que siempre había esperado.

miércoles, 6 de junio de 2012

LA AMANTE


- Una imagen vale más que mil palabras.
No recuerdo a qué venía ese comentario, pero me volví hacia Paco, nuestro guía y profesor en ese momento, y protesté:
- No estoy de acuerdo.
Después de mirarme, y a punto de defender su postura, pareció pensarlo mejor y sonrió al contestar:
- Vale, se lo concedo a la amante de las letras.
¿La amante de las letras? ¿Esa soy yo?
Me turbó el bienintencionado comentario, porque yo nunca he querido ser "la otra", y hete aquí que parece que lo soy, la amante, la ilegítima, aquella con la que las letras coquetean y buscan cuando se aburren, pero a la que nunca llevarán de su mano en un lugar público. Soy la amante, no la amada, y arrastraré mi frustración hasta ese último momento en el que las letras, fría y desapasionadamente, sean el epitafio final en la tumba de su concubina.

martes, 5 de junio de 2012

LA LIEBRE Y LA TORTUGA


La liebre y la tortuga competían en una carrera. La liebre adelantó fácilmente a la tortuga, pero vio a otra liebre amiga y se paró a charlar con ella, y la tortuga la adelantó. La liebre volvió a adelantarse, pero luego se detuvo a la sombra de un hermoso árbol. De nuevo se retrasó, y de nuevo se adelantó, hasta que el canto de una cigarra la hizo parar de nuevo, quitándose de en medio del camino de las laboriosas hormigas. Varias veces la liebre adelantó a la tortuga, y luego se dejaba adelantar deteniéndose a charlar, a tomar algo con los amigos, a leer un rato... hasta que la tortuga, que no se había detenido en ningún momento, llegó a la meta y la cruzó, se volvió con la cabeza orgullosamente alta, y vio a su contrincante jugando con pequeños lebratos, ¡había ganado la carrera! Pero a la liebre no le importaba, ni a nadie le importaba, la tortuga estaba sola en la meta, sola en su victoria, sola con su propia soledad.

lunes, 4 de junio de 2012

EL TIEMPO TODO LO CURA

 El tiempo se acercó y colocó una tirita en la herida, pero seguía doliendo.
El tiempo estampó un besito sobre el golpe que la vida le había infligido, pero seguía doliendo.
El tiempo le cantó el "sana sana culito de rana", pero seguía doliendo.
El tiempo se quedaba sin ideas, no sabía ya qué hacer para curar la herida, para suavizar aquel tremendo dolor que la vida, las circunstancias, la casualidad, el amor, y tantos otros factores, habían producido, y decidió que había que darle tiempo al tiempo, se concedió a sí mismo el privilegio de esperar, de desear que el olvido llegara en su ayuda, y que, aunque fuera con ayuda de una caña, la deseada paz llegara, y la espiral de horror se convirtiera en un círculo perfecto de armonía.

viernes, 1 de junio de 2012

JUGUETES ROTOS


La cama sin hacer, los juguetes sin recoger... no es nada especial, es la lucha de todos los días, pero aquella mañana se encuentra especialmente irritada, consigo misma, y por consiguiente con su hijo, y el mal humor se dispara cuando encuentra, escondido debajo de la cama, otro juguete roto, uno de esos transformers tan caros que al chiquillo tanto le gustan, pero cuyos miembros luego retuerce hasta descuartizarlos, "se le va a caer el pelo", murmura, entre dientes, mientras recoge los restos de lo que fue un juguete, "hoy no hay parque al salir del cole, y que ni se le ocurra pedirme una chuche".
Barrer, fregar, cocinar... pasa toda la mañana atareada, como siempre, y todavía le dura el enfado cuando sale de casa para recoger al chiquillo.
- Hola, buenos días.
- Hola, ¿qué tal?
Su enfado se le cae a los pies cuando saluda a la mujer, a esa madre con la que se cruza a menudo, pero no porque vaya a recoger a su hijo al mismo colegio. Caminan un rato juntas, despacio, al ritmo de la silla de ruedas en donde se retuerce el cuerpo inmovilizado de aquel que nunca ha sido niño, del que nunca ha roto un juguete, del que apenas consigue esbozar un gesto, que su madre traduce como alegría, cuando a la puerta del colegio ve a otros niños salir corriendo, riendo o llorando, gritando hacia sus madres, algunos deteniéndose a saludarle, los más ignorándolo, o mirándole con miedo.
- ¡Hola, mami!
Abraza con fuerza a su hijo, con ganas de llorar ante la vitalidad del niño, y sin que el chiquillo le pida nada le lleva hacia el quiosco, ¿una chuche? No, le comprará un transformer nuevo, como el que ha roto, como el que ha encontrado escondido y descuartizado, como el que ese otro niño, que nunca ha sido niño, no podrá romper.

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