domingo, 17 de junio de 2012

En la calle

El hombre tenía piojos. El perro tenía pulgas. El hombre se rascaba. El perro se rascaba. El hombre estaba sentado en una silla desvencijada. El perro se tumbaba sobre una alfombrilla deshilachada. El tiempo pasaba lentamente. Alguien dejó caer una moneda dentro del sucio platillo, en el suelo, a los pies del hombre. El hombre levantó la cansada mirada, y no dijo nada. El perro movió la cola, hizo intención de levantarse, pero desistió sin completar la acción. Llevaban mucho tiempo juntos, el hombre y el perro. El hombre no sabe cómo se llama el perro. El perro no sabe cómo se llama el hombre. No lo necesitan.

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