Casi se relamió de gusto cuando vio que la rubia se iba quitando la ropa, hasta quedar solo cubierta con un pequeño bikini. La chica no le prestaba atención, miró un momento hacia el sol, y luego hacia la arena, buscando la mejor orientación y extendiendo la toalla, y luego se sentó, todavía mirando hacia la orilla, como dudando entre darse un baño de agua primero, o directamente del sol que caía a plomo sobre su piel todavía clara, todavía con la blancura del invierno que ya había dado lugar a los primeros días cálidos, más deseados precisamente por ser los primeros, y que por lo mismo la convencieron para dejarse caer a lo largo sobre la toalla... ese era el momento, cuando estaba distraída, relajada, vulnerable, y sin darle tiempo se lanzó sobre ella... pero rebotó bruscamente, ¿qué ocurría? No lo entendía, y lo intentó de nuevo, con idéntico resultado, y con la misma falta de comprensión. Como un loco, intentó repetidas veces el mismo experimento, esperando un resultado distinto, que nunca se producía, hasta que, un par de horas después, la muchacha se incorporó y rebozó su cuerpo con aquella sustancia protectora, una vez más, haciendo que, el pobre cáncer, tuviera que huir con el rabo entre las piernas.
El enemigo del escritor no es la piratería: es el anonimato (Tim O´reilly).
miércoles, 27 de junio de 2012
Con el rabo entre las piernas (recomendaciones para un buen verano)
Casi se relamió de gusto cuando vio que la rubia se iba quitando la ropa, hasta quedar solo cubierta con un pequeño bikini. La chica no le prestaba atención, miró un momento hacia el sol, y luego hacia la arena, buscando la mejor orientación y extendiendo la toalla, y luego se sentó, todavía mirando hacia la orilla, como dudando entre darse un baño de agua primero, o directamente del sol que caía a plomo sobre su piel todavía clara, todavía con la blancura del invierno que ya había dado lugar a los primeros días cálidos, más deseados precisamente por ser los primeros, y que por lo mismo la convencieron para dejarse caer a lo largo sobre la toalla... ese era el momento, cuando estaba distraída, relajada, vulnerable, y sin darle tiempo se lanzó sobre ella... pero rebotó bruscamente, ¿qué ocurría? No lo entendía, y lo intentó de nuevo, con idéntico resultado, y con la misma falta de comprensión. Como un loco, intentó repetidas veces el mismo experimento, esperando un resultado distinto, que nunca se producía, hasta que, un par de horas después, la muchacha se incorporó y rebozó su cuerpo con aquella sustancia protectora, una vez más, haciendo que, el pobre cáncer, tuviera que huir con el rabo entre las piernas.
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