lunes, 25 de julio de 2011

Avería telefónica

Desde ayer estoy sin línea en el teléfono, así que pasadas las veinticuatros horas de rigor, me decido a llamar por el teléfono móvil para ver qué ocurre.
Primero la musiquita.
Luego una voz grabada que comienza a darte opciones, hasta que consigues encontrar la que más te cuadra.
Por supuesto, tienes que marcar los números de tu carnet de identidad, para asegurarse de que eres el titular.
Hecho.
No es suficiente, vuelve a marcar el número del teléfono fijo.
Vale, hecho.
Más musiquita, nuevas opciones de la voz grabada, que finalmente acepta pasarte con uno de los técnicos, después de otro breve lapso de música hortera.
- Si, ¿dígame?
Por fin una voz humana, la calidez de una persona al otro lado de la línea, un hombre que incluso parece simpático.
- Pues es que no tengo línea en el teléfono.
- ¿Y cómo me está llamando?
Bueno, el chico puede ser agradable y simpático, tal vez incluso guapo, pero desde luego, una lumbrera no es.
- Desde el móvil, y no sé cuánto saldo tengo.
- Bien, no se preocupe, esto es rápido, ¿ha comprobado usted que los teléfonos están bien colgados?
Einstein, hijo mío, al parecer te llevaste toda la inteligencia que habían dejado para repartir entre los de tu género.
A pesar de todo, los compruebo, los dos teléfonos de la casa, bien colocados en su sitio, como dos buenos chicos que no funcionan.
- Vale, comprobado, y siguen sin dar línea.
Lo cual hasta para él debería ser una estupidez, porque aunque estuvieran mal colgados, al coger yo el auricular sí que daría línea, ¿no?
- Bien, pues desconéctelos, que voy a probar desde aquí a ver si puedo arreglarlo.
- Vale, un momento.
Primero el del comedor, y luego corro hasta mi dormitorio, donde hago lo mismo con el segundo, y mientras espero a que mi torpe pero agradable interlocutor me diga algo más, de nuevo una de esas "agradables " voces grabadas: "le quedan pocos segundos de saldo".
- ¡Oiga, oiga! -me desespero, mirando al teléfono con odio, sin recordar que nunca se debe volcar la ira sobre el mensajero de las malas noticias.
"Le quedan escasos segundos de saldo"
Y a continuación el aparato se muere, ¡estoy completamente incomunicada!
Me miro, todavía en pijama, porque no quería que pasara otro día sin arreglar aquello, y me visto rápidamente, lo primero que pillo, y con las chanclas de estar por casa, sin lavarme siquiera la cara y peinándome en el ascensor con los dedos, corro hasta el banco y recargo el saldo de mi móvil; vuelvo a casa corriendo y repito la misma historia, con la esperanza de que el chico se haya dado cuenta y coja mi llamada.
Pero no, de nuevo la musiquita y la voz grabada con sus diversas opciones, de nuevo repetir toda la historia, y cuando llego al técnico, también me lo han cambiado, ahora es una mujer de origen sudamericano, que no sé si es que no habla bien el español, o es que la pagan por minutos, porque le tengo que repetir casi todo lo que me pregunta, y también yo la tengo que hacer lo mismo, puesto que apenas la entiendo.
- Bien, su teléfono no da línea.
¡Vaya descubrimiento! Casi veo ahora inteligente al muchacho anterior, pero por supuesto no digo nada, no me arriesgo a que me cuelgue y tenga que volver a empezar.
- Usted llama desde el... -y da todas las cifras de mi número de móvil, que como ni yo misma sé si es correcto, tengo que comprobarlo antes de asentir.
¿Y como es eso? Le tengo que repetir varias veces el número de fijo, que lo tienen en su contrato, el número de mi carnet de identidad, que lo tendrán igualmente en sus ordenadores, pero el número del móvil, que nunca lo doy porque nunca sé cual es, resulta que lo tienen también y que no lo dudan ni un momento.
- Bien, señora, pues tendrá que ir un técnico a su casa.
- ¿Y cuándo vendrá?
- A lo largo del día de hoy, o mañana -¿mañana, sábado?- se pondrá en contacto con usted en este número, para ver cuando le viene bien que acuda a su domicilio.
- Vale, de acuerdo.
Podría preguntarle más cosas, asegurarme de si vendrían en sábado, o si tendría que esperar hasta el lunes, pero es mi saldo, y segura de que no me va a decir nada concreto, decido dar por terminada la conversación, y esperar, esperar, esperar...

M.J.

los premiados del XV Premi “La rosa de paper” categoría E, La Florida-Catarroja

Paràlisi

Temps de silencis públics i familiars
que ofegaven l´alé de les veritats feridores.
La por al cos subjectava la necessitat
d´explicar l´inexplicable,
aquelles preguntes que no tenien resposta
i eren coses de persones majors.

Quan els majors parlen els xiquets callen,
ens responien si volies ficar-hi cullerada
en les críptiques converses adultes.

Tanmateix descobríem bàndols i individus,
intuïts subtilment en secretes xerrades.
I esdevenien fets que malgrat totes les cauteles
se sabien i es comentaven.

Vampiresques capes verdes
decomissaven el treball honrat
a camins i carreteres
perquè s´enriquiren d´estraperlo
els beneficiaris de la croada.

Han envellit el temps i els fets
però encara hi ha massa respostes
que hauran de depurar l´incomprensible
i esclatar el silenci perquè es faça la llum.









Ressons


Olors que solquen el vent

des de dolls impensats,

imatges entelades i fugisseres

copsades de sobte sense saber com,

palps imperceptibles,

sintonies que relaten

nodridores coneixences.

Llamps que revifen

la vida que créiem adormida... o morta.


Sacsejats per aquests ressons,

allarguem el viure del passat,

reculem en el temps,

ressuscitem impossibles

i tornem a gaudir

del que no ens plau haver perdut.





















Boira

Examine fil per randa la vida amb vosaltres,
i contemple les fotos més estimades.
Els sentiments romanen intactes,
com el dia que partireu,
tanmateix però, comprove, desconsolat,
que una odiosa boira cobreix com un tel
el vostre record més dilecte,
i sembla que us allunyeu de mi
com en un comiat de tren.

Deu ser un malson.


Josep Micó

viernes, 22 de julio de 2011

Un día de verano

El otro día me encontré en la calle con un conocido, y aunque yo no soy muy dada a la conversación, él suplía con su entusiasmo el mio:
- Hacía tiempo que no nos veíamos.
- Sí, es verdad.
Y vivimos en manzanas contiguas.
- ¿Ya no te apuntas a ninguna actividad?
- Últimamente no, estoy muy vaga.
- Pues el otro día estuvimos haciendo una muy maja, alrededor del barrio del Cabañal, contando su historia y sus costumbres, y con...
Me limito a sonreír mientras él me sigue contando cómo fue la actividad a la que no acudí, y como hace bastante calor, nos movemos sin ponernos de acuerdo previamente hacia la sombra de un árbol, por lo que deduzco que él no tiene prisa en irse.
- ¿Sabes que mi hermano está saliendo con una chica?
- ¡Ah, sí, pues me alegro!
Su hermano es algo más joven que él, pero tampoco cumplirá ya los cuarenta.
- El problema es que la chica es más joven.
- Normal, a todos nos gustan más jovenes.
- ¿Pero sabes cuánto se llevan?
- Espero que por lo menos tenga dieciocho.
El me mira, con sorna, y yo pienso que su hermano debe estar saliendo con alguna niña del cole, pero debería recordar que él se burla de todo.
- Un día -se burla de mi- es un día más joven que él.
- Muy vieja entonces -le sigo la burla- ¿y a ti no te gusta ninguna?
- Pues sí, me gusta una, pero no me hace caso.
- Ya, eso suele pasar, a mi me ocurre lo mismo, pero en mi caso es peor.
- ¿Peor, por qué?
- Porque los hombres nunca decís que no a ninguna mujer.
- Eso no es cierto -se defiende, ofendido- eso es un mito, nosotros también tenemos nuestro corazoncito y sabemos ser sensibles.
¿De verdad? ¡Vamos a probar!
- ¿Te apetece que echemos un polvo?
- ¿En tu casa o en la mía?

M.J.

martes, 5 de julio de 2011

Aquí me quedo

Ella se pregunta donde está.No reconoce el entorno y casi ni así misma. Su mente otrora super activa parece no tener reacciones, encontrandose en un estado limbático que la sume en una especie de letargo impidiendole reaccionar, pero que no evita la formulación de preguntas. Con gran dificultad se dirije a la ventana del desconocido cuarto que la cobija, y queda gratamente sorprendida por el maravilloso paisaje que se extiende ante ella. Los árboles muestran orgullosos sus hojas de un marrón otoñal que al ser mecidas por el viento caen dulcemente sobre la húmeda tierra, formando un tapiz que al recibir el sol naciente brilla con cambiantes colores.
Ensimismada en la contemplación, no oye la puerta que suavemente se abre dando paso a la dueña de la casa. Una persona de edad indefinida pero con aire resuelto que al verla acodada en la ventana esboza una amplia sonrisa y se dirije hacia ella.
-Buenos días, soy María la propietaria de esta casa, es decir la casa familiar,aqui vivimos, mi marido y dos de mis hijos, el tercero vive en la ciudad.Pero dejemos esto para más adelante ¿Como se encuentra?
-Sinceramente no lo sé, no recuerdo nada, no sé como he llegado aquí.
-Verá, hace cuatro días la hija de la vecina la encontró cerca de aquí, estaba conmocionada y caminaba sin rumbo.La metimos en la cama y ha dormido hasta ahora, el doctor no se explica este hecho. Pero desconociendo todo lo que a usted se refiere,no ha podido hacer otra cosa que esperar y observar constatando que no corria peligro alguno.
-Si me proporciona su dirección podremos notificar a su familia que se encuentra bien,no lo hicimos porque no tenía ningún tipo de documentación.
-No recuerdo de donde soy.
-¿Como se llama?
-No lo sé.
-Bien no se preocupe, todo se arreglrá, ahora le traeré el desayuno, debe de recuperar fuerzas.
María sale tan sigilosamente como entró, dejando a nuestra protagonista sumida en sus pensamientos.
¿Como he llegado aquí? Una ráfaga luminosa cruza el cielo en pleno día dándole la contestación. Ha venido buscando a Gurb, y a su compañero, enviada por los lideres de su planeta. Pues éstos habían decidido quedarse en la tierra, y elle debía activar una rápida busqueda y un pronto regreso.
Pero con lo poco que conocía de la tierra, empezaba a comprenderles y presentía que la busqueda iba a ser, pero que muy, muy lenta.
P.H.Y.

 

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