viernes, 22 de julio de 2011

Un día de verano

El otro día me encontré en la calle con un conocido, y aunque yo no soy muy dada a la conversación, él suplía con su entusiasmo el mio:
- Hacía tiempo que no nos veíamos.
- Sí, es verdad.
Y vivimos en manzanas contiguas.
- ¿Ya no te apuntas a ninguna actividad?
- Últimamente no, estoy muy vaga.
- Pues el otro día estuvimos haciendo una muy maja, alrededor del barrio del Cabañal, contando su historia y sus costumbres, y con...
Me limito a sonreír mientras él me sigue contando cómo fue la actividad a la que no acudí, y como hace bastante calor, nos movemos sin ponernos de acuerdo previamente hacia la sombra de un árbol, por lo que deduzco que él no tiene prisa en irse.
- ¿Sabes que mi hermano está saliendo con una chica?
- ¡Ah, sí, pues me alegro!
Su hermano es algo más joven que él, pero tampoco cumplirá ya los cuarenta.
- El problema es que la chica es más joven.
- Normal, a todos nos gustan más jovenes.
- ¿Pero sabes cuánto se llevan?
- Espero que por lo menos tenga dieciocho.
El me mira, con sorna, y yo pienso que su hermano debe estar saliendo con alguna niña del cole, pero debería recordar que él se burla de todo.
- Un día -se burla de mi- es un día más joven que él.
- Muy vieja entonces -le sigo la burla- ¿y a ti no te gusta ninguna?
- Pues sí, me gusta una, pero no me hace caso.
- Ya, eso suele pasar, a mi me ocurre lo mismo, pero en mi caso es peor.
- ¿Peor, por qué?
- Porque los hombres nunca decís que no a ninguna mujer.
- Eso no es cierto -se defiende, ofendido- eso es un mito, nosotros también tenemos nuestro corazoncito y sabemos ser sensibles.
¿De verdad? ¡Vamos a probar!
- ¿Te apetece que echemos un polvo?
- ¿En tu casa o en la mía?

M.J.

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