Desde ayer estoy sin línea en el teléfono, así que pasadas las veinticuatros horas de rigor, me decido a llamar por el teléfono móvil para ver qué ocurre.
Primero la musiquita.
Luego una voz grabada que comienza a darte opciones, hasta que consigues encontrar la que más te cuadra.
Por supuesto, tienes que marcar los números de tu carnet de identidad, para asegurarse de que eres el titular.
Hecho.
No es suficiente, vuelve a marcar el número del teléfono fijo.
Vale, hecho.
Más musiquita, nuevas opciones de la voz grabada, que finalmente acepta pasarte con uno de los técnicos, después de otro breve lapso de música hortera.
- Si, ¿dígame?
Por fin una voz humana, la calidez de una persona al otro lado de la línea, un hombre que incluso parece simpático.
- Pues es que no tengo línea en el teléfono.
- ¿Y cómo me está llamando?
Bueno, el chico puede ser agradable y simpático, tal vez incluso guapo, pero desde luego, una lumbrera no es.
- Desde el móvil, y no sé cuánto saldo tengo.
- Bien, no se preocupe, esto es rápido, ¿ha comprobado usted que los teléfonos están bien colgados?
Einstein, hijo mío, al parecer te llevaste toda la inteligencia que habían dejado para repartir entre los de tu género.
A pesar de todo, los compruebo, los dos teléfonos de la casa, bien colocados en su sitio, como dos buenos chicos que no funcionan.
- Vale, comprobado, y siguen sin dar línea.
Lo cual hasta para él debería ser una estupidez, porque aunque estuvieran mal colgados, al coger yo el auricular sí que daría línea, ¿no?
- Bien, pues desconéctelos, que voy a probar desde aquí a ver si puedo arreglarlo.
- Vale, un momento.
Primero el del comedor, y luego corro hasta mi dormitorio, donde hago lo mismo con el segundo, y mientras espero a que mi torpe pero agradable interlocutor me diga algo más, de nuevo una de esas "agradables " voces grabadas: "le quedan pocos segundos de saldo".
- ¡Oiga, oiga! -me desespero, mirando al teléfono con odio, sin recordar que nunca se debe volcar la ira sobre el mensajero de las malas noticias.
"Le quedan escasos segundos de saldo"
Y a continuación el aparato se muere, ¡estoy completamente incomunicada!
Me miro, todavía en pijama, porque no quería que pasara otro día sin arreglar aquello, y me visto rápidamente, lo primero que pillo, y con las chanclas de estar por casa, sin lavarme siquiera la cara y peinándome en el ascensor con los dedos, corro hasta el banco y recargo el saldo de mi móvil; vuelvo a casa corriendo y repito la misma historia, con la esperanza de que el chico se haya dado cuenta y coja mi llamada.
Pero no, de nuevo la musiquita y la voz grabada con sus diversas opciones, de nuevo repetir toda la historia, y cuando llego al técnico, también me lo han cambiado, ahora es una mujer de origen sudamericano, que no sé si es que no habla bien el español, o es que la pagan por minutos, porque le tengo que repetir casi todo lo que me pregunta, y también yo la tengo que hacer lo mismo, puesto que apenas la entiendo.
- Bien, su teléfono no da línea.
¡Vaya descubrimiento! Casi veo ahora inteligente al muchacho anterior, pero por supuesto no digo nada, no me arriesgo a que me cuelgue y tenga que volver a empezar.
- Usted llama desde el... -y da todas las cifras de mi número de móvil, que como ni yo misma sé si es correcto, tengo que comprobarlo antes de asentir.
¿Y como es eso? Le tengo que repetir varias veces el número de fijo, que lo tienen en su contrato, el número de mi carnet de identidad, que lo tendrán igualmente en sus ordenadores, pero el número del móvil, que nunca lo doy porque nunca sé cual es, resulta que lo tienen también y que no lo dudan ni un momento.
- Bien, señora, pues tendrá que ir un técnico a su casa.
- ¿Y cuándo vendrá?
- A lo largo del día de hoy, o mañana -¿mañana, sábado?- se pondrá en contacto con usted en este número, para ver cuando le viene bien que acuda a su domicilio.
- Vale, de acuerdo.
Podría preguntarle más cosas, asegurarme de si vendrían en sábado, o si tendría que esperar hasta el lunes, pero es mi saldo, y segura de que no me va a decir nada concreto, decido dar por terminada la conversación, y esperar, esperar, esperar...
M.J.
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