sábado, 19 de noviembre de 2011

FILOSOFANDO SOBRE EL 20-N

Si yo gano, tú pierdes. Si tú ganas, yo pierdo. Si ellos ganan... todos perdemos.



"Para la semana que viene, tema libre", dijo el profesor, y aunque siempre habíamos aceptados sus indicaciones, de inmediato estalló un murmullo de protestas, ¡qué miedo nos da la libertad!






"¡Sexo para todos, marihuana legalizada! Bien -siguió el candidato- ahora que ya tengo vuestra atención, os presentaré mi verdadero programa electoral..."






"Votadme, y haré todo lo que pueda por vosotros, aunque no creo que pueda acabar con la crisis, ni mejorar mucho la sanidad o la educación, ni subir los sueldos, ni..." ¡No nos engañemos, nos gusta que nos mientan!






"Suerte, cariño", "Lo mismo te deseo, amor", y al salir de casa, uno caminó hacia la derecha y otro hacia la izquierda.






La estrecha minifalda dejaba ver las largas piernas morenas, la camiseta ceñida rebelaba la presencia de los duros senos, y el redondo ombligo mostraba el principio de un tatuaje que se perdía bajo la falda. Resultado: erecciones generales.






Entró movida por la curiosidad, porque nunca había visto abierto el colegio en domingo, pero al sentir las miradas expectantes de todos sobre ella, tuvo que acercarse a una de las vacías urnas y dejar caer un euro, al tiempo que protestaba: "¡qué poco solidaria es la gente!".






En ocasiones veo... candidatos, se mueven a mi alrededor, no sé si alguien más los ve, pero a mi me asustan, son grises, se esconden en las sombras, y se mueven por hilos invisibles que alguien maneja, esperando la orden de atacar...






- ¡Vota! -pronunció el presidente de la mesa, dejando caer mi voto en la urna, y yo, obediente, contesté: "Culpable".






¡Quiero tu voto, y el tuyo, y el tuyo! Os prometo sueldos más altos, os prometo todo lo que queráis, y además, os lo daré multiplicado por cero, ¿a qué esperáis? ¡quiero todos vuestros votos!






"¿A quién vas a votar tú?", "A mamá, ¿y tú?", "A papá, por supuesto" -contestó Caín, mirando con odio a su hermano.






Si en la farmacia solo nos van a dar genéricos, ¿por qué nos tenemos que decantar en política? ¡quiero un candidato genérico!






Se metió en la cabina, metió la papeleta elegida en el sobre, y fue a salir, pero no pudo, estaba encerrado, y el pánico se apoderó de él, gritó y golpeó, y otros gritos contestaron a los suyos, igual de aterrados, igual de inútiles.






Con tantos adelantos tecnológicos, ¿todavía hay que contar los votos uno a uno? ¿Por qué no dejamos que el pulpo Pablo, o el perro Tomás, elijan al vencedor?






Abrió el sobre, pero no contenía ninguna papeleta; derramó un trocito de arcoiris, unas gotas de rocío, una línea de horizonte, un olor a mar, a flores, unos gramos de amor, de esperanza... Y el presidente dictaminó: ¡Voto nulo!






Sentí el sobre temblando en mi mano, y pensé que era la emoción compartida con el presidente de la mesa. Solté el sobre, que siguió temblando; asistí impotente a la lucha del anciano hasta que logró introducirlo en la urna, y cuando lo consiguió, aplaudí: él era el único ganador.






Tenemos que votar por el cambio, es el único modo de que todo siga igual que está.






Súmate al cambio, pelea por lo que quieres... yo peleo, tú ganas, él pierde, nosotros nos aguantamos, vosotros buscáis empleo, ellos se frotan las manos.






¡Qué calor hace! cambio de chaqueta varias veces al día... ¡qué gracia, como los políticos!






No sabía qué votar; había oído muchas promesas y asistido a muchos debates, pero ahora las tristes papeletas bostezaban su contagioso aburrimiento, su falta de interés, su igualitario desdén hacia todos, y cerré los ojos para elegir a ciegas, para soslayar mi responsabilidad.






Llevo los dos sobres en el bolsillo, y sin mirar saco uno de ellos y lo meto en la urna. El otro me lo ha dado mi hijo, es la carta a los reyes magos, y lo debo meter en el buzón, pero me he equivocado de sobre, o de candidado, no sé, ¿se presenta Baltasar a estas elecciones?






Si meto mi voto en un bote, y el bote lo meto en un saco, y del saco saco el voto del bote, y devuelvo el bote al saco, y el voto sacado del saco y del bote lo meto en la urna diurna, cumpliré mi papel de ser fiel al país y elegir lo que merezco meter en el saco.






Veo las noticias, la propaganda electoral: no va a haber más gente en paro, nadie va a pasar hambre, ningún ser humano tendrá que huír de su país por ningún motivo... ¿es que tendrán razón los mayas y se va a terminar el mundo?

domingo, 6 de noviembre de 2011

NOCHEBUENA

- Venga, tío, enrollate, que es nochebuena.
- Lo siento, pero yo no soy papá Noel.
El chico le miraba, con su mejor cara de niño bueno, pero el revisor no estaba dispuesto a dejarse convencer.
- ¿Y qué tengo que hacer entonces?
- Ahí tienes las normas -señaló el pequeño letrero situado a su derecha- si pagas ahora mismo, tienes que darme diez euros.
- ¡Como te pasas!
Los que ocupaban las sillas adyacentes comenzaban a mirarlos, en parte divertidos por la conversación, pero murmurando entre ellos y tomando partido por uno u otro bando, y los guardias de seguridad llegaban también para apoyar a su compañero.
- Puedes pagar ahora, o hacer un pago aplazado, pero entonces serán cincuenta euros.
- ¡Cincuenta! -el muchacho comenzaba a buscar en los bolsillos, y finalmente sacaba la cartera y comenzaba a contar el dinero que llevaba- solo tengo ocho cincuenta.
- Pues lo siento, tendrás que dejarme tus datos y tienes un par de días para pagar en alguna taquilla.
- ¡Pero si no llega ni a dos euros, por favor!
La discusión continuaba, la gente entraba y salía en las distintas paradas, cargados con sus bolsas de regalos y haciendo un extraño vacío alrededor del polizón, que optó por pedir el dinero que le faltaba a los dos chavales que tenía a su izquierda.
- Lo siento -contestó uno de ellos- no llevo dinero.
- No, si es que no tienen por qué darle dinero si no le conocen -protestó el guardia de seguridad, que también tenía ganas de terminar la jornada y comer el pavo asado que sin duda estaría cocinando en ese momento su esposa.
- Toma.
La mujer que ocupaba un asiento cercano le tendió la mano con el dinero que le faltaba, lo que hizo enfadar más al guardia de seguridad.
- ¿Usted le conoce?
- Sí, le conozco -mintió con desfachatez.
- Muchas gracias -el muchacho cogió el dinero y se lo pasó al revisor, mientras el guardia de seguridad seguía protestando del altruista gesto de la mujer.
- Hay que ser solidarios -protestó también ella- sobre todo en estas fechas.
Revisores y guardias de seguridad bajaron en la siguiente parada, y el muchacho se levantó para agradecer nuevamente el gesto de su benefactora.
- De verdad, muchas gracias, no sabe cuanto se lo agradezco.
- No pasa nada.
Dos paradas más tarde la mujer bajó del tranvía, y el chico también lo hizo.
- ¿Quiere que le ayude con las bolsas, para agradecérselo?
- No, tranquilo, voy bien.
- De verdad, va muy cargada, no me importa ayudarla.
Caminaba al mismo paso, y la mujer comenzó a acelerar el suyo, y no solo por el frío que hacía en la calle.
- Deme las bolsas, por favor, y de paso la cartera.
En el oscuro callejón brillaba la hoja recién sacada de alguna parte, y la mujer por contra palideció.
- Pero...
- Usted misma lo ha dicho, hay que ser solidarios, y más en estas fechas.

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