Llevo la vida planeando este viaje, y ahora que ha llegado el momento no siento nada, apenas un ligero mareo mientras espanto de un manotazo al pequeño dodo de plumaje azul que picotea entre las mocotitas, cuyo ácido sulfúrico se expande en un mar de cenizas volcánicas, mientras mis manos se aferran al reflejo luminiscente del unicornio alado que me lleva sobre su lomo, atravesando el tiempo y el espacio como una veloz saeta que aterriza a los pies del gran dragón que, con sus chistes, me hace reír de nuevo, mientras mis dedos se queman en las últimas paradas del viaje sin principio ni fin.
M.J.
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