lunes, 9 de julio de 2012

Cuestión de tiempo

El camino seguía, seguía, seguía... pero el caminante estaba agotado y se tuvo que sentar a descansar, a la sombra de un álamo, escuchando el suave sonido del agua que corría, y corría y corría, allá abajo, ¿hacia dónde iba el camino? ¿hacia dónde iba el río? ¿hacia dónde iban las montañas? Porque las montañas también se movían, despacio, arrastrando su enormidad, sin la ligereza del río, sin el metafórico movimiento del camino, sin la agresividad de ninguno de ellos, con una pasividad lenta, pero segura, acercándose al hombre que meditaba, a ese nuevo Mahoma que esperaba, con paciencia infinita, que la montaña llegase hasta él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares