¡Kikirikí-kikiricó!
El
gallo despierta al alba,
alba
que sueña que es noche,
noche
que escucha borracha.
¡Tic-tac,
tic-toc!
El
despertador bosteza,
y
llora, y ríe, y grita, y estremece
mi
dormido cuerpo todavía durmiente.
Tengo
que despertar, y no puedo.
Tengo
que levantarme, y no puedo.
Y
muevo un dedo, y un pie, y una mano,
mi
cuerpo se arrastra hasta la cocina,
el
café espeso es peso en mi estómago
y
rasga el silencio como una bocina:
Se
pierde la vieja noche.
Me
pierdo en el nuevo día.
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