viernes, 14 de junio de 2013

GUERNICA



Los gritos de tu dolor llegan hasta oídos sordos:
tu hijo ya no te escucha.
Tus ojos, ciegos a cualquier esperanza,
son lágrimas desnudas.
Tal vez esa mano muerta, a tus pies,
intente consolar tu inconsolable llanto,
o solo quiera agarrar esa vida que se escapa,
ese dolor que desaparece,
consumido en si mismo.


El cuerpo retorcido de una yegua
es el dolor de la inocencia.
es el dolor de la injusticia,
es el dolor del dolor mismo.
Esa única luz, entre tanta oscuridad,
¿es promesa, confianza, o tan solo es necedad?
El pájaro negro extiende sus alas,
hace un guiño amargo a esa fantasía,
cubre de sal el brote más tierno,
ríe con tu desconsuelo,
ríe con tu suplicio,
ríe con tu angustia, con tu congoja, con tu tormento,
tu mal le alimenta, y tu pesar le da nuevas alas,
nuevas alas que extiende sobre tu cuerpo ya muerto,
sobre tu muerta esperanza.



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