Entro en la biblioteca,
con mi listado de libros en la mano, y me dirijo a la sección de
novelas. J, de Jalvin, Linda: no hay nada; B, de Batuille, Georges:
no hay nada; Nin, Anais: nada; "Memorias de una pulga",
anónimo: ni por asomo; Mi último recurso, la más conocida,
Almudena Grandes y "Las edades de Lulú": nada de nada.
Busco entonces por tema, a ver si tienen un apartado de novela
erótica (no penséis mal, es para un trabajo de clase), y nada de
nada, por lo que tengo que acercarme a la bibliotecaria para pedirle
algún libro sobre el tema.
- Allí -me señala.
- No -protesto, pues sé
a lo que se refiere- no quiero amor, quiero sexo.
Me mira un poco
desconcertada, como si nunca le hubiesen hecho esa petición, y me
dice que va a mirar en el almacén a ver si hay algo, y después de
un rato, sin duda hurgando entre libros obsoletos y cucarachas
momificadas, regresa con tres tristes libros, encuadernados en rosa
como si quisieran así disfrazar su interior erótico.
- Esto es lo que hay.
Bueno, pues habrá que
conformarse con eso: tres libros eróticos en toda la biblioteca,y ni
se le ocurre mirar en el ordenador el listado de otras bibliotecas,
porque sin duda son igual de pobres en la materia, ¿cuántos libros
me hubieran encontrado, si les hubiera pedido sobre crímenes?
No hay comentarios:
Publicar un comentario