lunes, 10 de noviembre de 2014

Visita

Bueno, ayer tuve que ir a tu casa, y lo hice preparada, me acolché el estómago y me blindé el corazón, y así pude ver tu silla vacía fente a tu ordenador, creo que sin que se notase demasiado lo horrible que me sentía... tal vez Aroa lo notó, o me pareció en un momento dado, con un cruce de miradas cuando estaba a punto de reventar de puro dolor. Luego tuve que elegir un libro, y ¡muy mal! Deja que te riña, pero yo no te pedí un libro sin más, quería que me lo dedicases, que eligieses una frase para mi, y no lo hiciste, te quedó esa asignatura pendiente; al final cogí uno al azar, al menos con tu floritúrica inicial  inscrita en la portada. Y como tuve que bajar sola en un ascensor, mientras los chicos bajaban en el otro con el conejo, aproveché para meter la nariz entre tu ropa, buscando tu olor, buscándote a ti, pero no estás allí, estás en mi.

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