lunes, 17 de noviembre de 2014

Fábula

Había una vez un rey, que murió, y como no tenía hijos varones, decidió dejar sus ricos trajes a su único sobrino. Sin embargo, su viuda no respetó sus deseos, y dio estos trajes, no al joven, apuesto y alto sobrino, ni siquiera al algo menos joven, alto y apuesto hermanastro, sino a su única hermana, y a través de ella al marido de esta, ese personajillo física y mentalmente raquítico que siempre hay en las mejores familias, y al que el malogrado rey no tenía en gran estima, como es de suponer. Moraleja: aunque la mona se vista de seda... ¡que le den a la mona y a toda su parentela!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares