martes, 9 de septiembre de 2014

Admiración

Te llevabas mejor con las mujeres, tú mismo lo admitías, y sin embargo, a quien probablemente más admirabas era un hombre, el abuelo, tu abuelo y mi abuelo, ese hombre que yo siempre me imagino con una pistola en la mano y tirando del burro con la otra, dispuesto a jugarse la vida que luego él mismo se quitó en el último "vuelo"; ¿también eso lo admirabas, lo envidiabas? Tú no llevabas una pistola en la mano, pero te puedo decir que yo siempre te he admirado también, siempre has estado ahí y te veo, por ejemplo, siendo solo un crio, sin saber qué hacer con la pequeñaja (yo) herida, y sin saber qué hacer, si buscar la ayuda de los adultos y dejarme sola, o quedarte conmigo... ¿cuántos quebraderos de cabeza te habré dado?

2 comentarios:

  1. El Abuelo y la Abuela, yo creo que los abuelos, dejaron una gran y profunda huella en sus cinco nietos, y por extensión en algún que otro biznieto, aunque ninguno llego a conocerles en vida.
    Su historia fue muy triste, pero a l vez muy intensa, digna de un buena trama para un libro e incluso una película, que lastima, que está se vaya a perder, recuerdo alguna conversación con tu hermano, mi primo, comentando que deberíamos rescatarla del olvido, pero ya no nos queda ayuda, los que podían narrarla, o se han ido o el Sr. Artzeime ha hecho estragos, yo mezclo fantasía con realidad, mis recuerdos están algo novelados y no sería capaz de seguir el hilo de la trama, desde esos inicios en Cervera de los Montes, cuando un cura no los quería casar, porque ambos se apellidaban Fernández Corrochano, (Corrochano, siempre me ha encantado este apellido), pasando por su fusilamiento, su huida, sus años escondido, la abuela sufriendo humillaciones, sacando adelante a sus tres hijos, llegando a Valencia, con la identidad de su hijo, tu padre, mi tío, su reencuentro con su mujer, tras años de ausencia……etc., lo dicho, que pena que toda esta parte de nuestra historia, la que nos marcó, la que nos fascinó, se quede en el olvido.

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  2. En el olvido no, porque como tú misma has dicho, forman parte de nosotros, y no seríamos como somos sin ese pasado, que a su vez legamos a nuestros hijos-sobrinos, tanto como el color de los ojos o, y aquí una risa, el tamaño de la nariz.

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