martes, 16 de septiembre de 2014

Esguince

Sigo aquí, con la pata tiesa, sin saber qué hacer con ella, pero esta vez te has librado de mi peso y de mis mordiscos, ¿recuerdas cuando, de pequeña, me torcí el tobillo y me llevaron al curandero? Me daba unas friegas que solo dolían, y luego me metía el pie en agua caliente, ¿y quien tenía que llevar luego en bracitos a la pobre cojita? ¡Pues claro, su hermanito! ¿Y cómo le pagaba ella el servicio? ¡Mordiéndole! No sé cómo no me diste un guantazo en la boca, porque me lo merecía. Esta vez me he quedado con las ganas de morder a alguien, porque el médico no estaba a mi alcance, que una ya no es tan joven y flexible para llegar a quien le está tocando un pie, que si no...

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