sábado, 6 de octubre de 2012

URGENCIAS. Sala 1.


Tenía que ir al hospital.
El dolor se iba haciendo más fuerte, más intenso, y apenas conseguía respirar.
Era consciente de las miradas de la gente, algunas asustadas, huyendo de ese hombre que se tambaleaba de un lado a otro, tal vez borracho, llevándose las manos al pecho con un gesto de dolor. Otras dubitativas, sin saber si acercarse a ayudar, mirando aquel paso vacilante, y vacilando a su vez, esperando que alguien tomase la iniciativa, y alejándose sin hacer nada.
El hospital estaba ya a pocos pasos, y no dudó en atravesar la entrada de urgencias, sintiendo que el inmenso dolor del corazón se le hacía insoportable, y a punto de aullar cuando por fin se encaró con la ventanilla.
- Por favor... -suplicó.
La enfermera lo miró, seria, imperturbable, sin hacerle demasiado caso.
Todavía estaba molesta por la trifulca que había mantenido poco antes con su marido, y recordaba la forma en que le había asegurado que no volvería a casa, que no lo soportaba más, que ya estaba harta de... ¿de qué? Ya ni siquiera recordaba qué era lo que había hecho para molestarla tanto.
- Por favor -repitió el hombre, casi llorando- Tienes que perdonarme, no lo haré más.

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