sábado, 13 de octubre de 2012

Identidad

Se había acostumbrado a no gruñir cada vez que pasaba frente a un escaparate, a pesar de que aquel perro siempre le estaba acechando allí. También le esperaba cada vez que se inclinaba a beber agua en algún charco, y sobre todo, y más nítidamente, en aquellos extraños paneles brillantes que reproducían cualquier persona, u objeto, y aunque el olor del otro can no le llegaba, su cerebro se negaba a reconocerse a sí mismo, no era él, ni era otro perro, era algo, otra cosa.
Y sin embargo, ¡oh, sin embargo! No tenía la menor duda de que era él, él mismo, no un reflejo, ni una imagen, sino su propia esencia, cuando se veía reflejado en los ojos de su amo, en los ojos que le daban su auténtica identidad, su única identidad.

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