lunes, 15 de octubre de 2012

EL VALOR DE UNA SONRISA

En un país en el que los niños no pueden creer en las hadas, en el que la magia brilla por su ausencia, en el que la triste realidad oscurece las miradas más tiernas, robándoles la infancia apenas estrenada, la llegada de aquella mujer hizo brotar el germen de la esperanza en los infantiles corazones, y no solo por la comida que llenó sus barriguitas, ni por las medicinas que curaban sus males, sino sobre todo por su sonrisa, aquella sonrisa de complicidad y de entrega, y aquella voz suave con la que por la noche, cuando se reunían todos alrededor del fuego, leía aquellas preciosas historias, de mundos maravillosos donde la magia existía, donde no había que caminar kilómetros para encontrar agua limpia, donde abrías una puerta y encontrabas toda la comida que te apetecía, donde los niños se reunían en grandes casas para jugar, para reír: para aprender a ser felices. .

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