sábado, 20 de octubre de 2012

Lluvia

Llueve tras los cristales, al otro lado, o tal vez a este. Llueve sobre mojado, llueve bajo lo seco. Llueve, y la lluvia siente el dolor profundo del llanto, las lágrimas caen, resbalan, triunfan sobre su propio dolor, y gimen roncamente, con tremendos alaridos que hacen aullar a los perros, que destrozan la paz y provocan una paz nueva, oscura, brillante en su oscuridad, blanca en su negrura, finalizando el comienzo del nuevo principio que termina antes de iniciarse, de reiniciarse, de bloquearse y quedar en pausa, hasta la siguiente gota, igual que todas, distinta de todas, resbalando como todas, tras los cristales mojados.

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