domingo, 23 de septiembre de 2012

GÉNESIS

La humanidad estaba condenada.
Una vez más observé la urna en la que reposaban los restos del que debía haber sido mi compañero, el Adán del "Proyecto Génesis". Acaricié la cápsula con una mezcla de repulsión y cariño, porque al fin y al cabo aquel sería el único ser humano que vería nunca, excepto en las grabaciones, esas mismas grabaciones que de forma subliminal se habían ido introduciendo en mi cerebro a lo largo de los años, explicándome cómo la humanidad había sucumbido a su propia soberbia, a su propia avaricia, y solo había guardado la suficiente cordura para crear aquel último proyecto que debía salvar a la humanidad: un hombre y una mujer, una nueva pareja, limpia, libre de prejuicios, libre de maldad, una primera pareja que volvería a repoblar la tierra, como ya se hizo una vez.
Suspiro, resignada a ser la única mujer, la única persona que queda en este mundo erosionado por la última guerra, y paseo por los largos pasillos estériles que en ocasiones me devuelven mi propio reflejo, el reflejo de la asesina, de la única responsable de que la humanidad se extinga, ¿pero de verdad pensaban que podían extirpar definitivamente la maldad del ser humano, acaso si él hubiera despertado antes, no habría hecho lo mismo?
 Nunca lo sabré.
 Nadie lo sabrá.

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