martes, 18 de septiembre de 2012

24 HORAS

Había sangre por todas partes.
Me aparté a tiempo para evitar que mi joven compañero me vomitase encima. Era casi un niño, y sentí pena por él, por aquel bautismo sangriento que se veía obligado a soportar.
- ¿Qué nos dice el experto? - me preguntaron.
- Que ha sido un asesinato -me burlé.
- El forense -me dijeron- asegura que lleva muerto unas 24 horas.
El cadáver desnudo yacía al final de la escalera, las piernas sobre los últimos peldaños y el cuerpo en el suelo. Siguiendo el rastro de sangre llegué hasta el dormitorio.
- Evidentemente -afirmé- aquí empezó todo. Le debieron atacar mientras dormía -señalé las manchas de sangre de la cama, así como las sábanas caídas- Se fue arrastrando, se detuvo un momento -volví a señalar el lugar donde la mancha se hacía más extensa- y siguió hasta la escalera. Desde allí fue resbalando, hasta donde está ahora.
- ¿Nos puedes decir algo sobre el asesino, o sobre el arma del crimen?
No habían encontrado el arma homicida, pero tampoco tenía mucho misterio.
- Un cuchillo -aseguré- largo, la hoja de unos 20 cm., muy afilado, tanto que no se necesitaría mucha fuerza para usarlo, por lo que el asesino puede ser igualmente un hombre o una mujer.
- Pues no nos dices gran cosa.
- Lo siento.
En ese momento regresaba el chaval, con la cara blanca y aguantando las bromas de los compañeros.
- Te has ensuciado los zapatos -me señaló, aguantando una nueva arcada.
Me miré, y en efecto vi en mi calzado unas manchas que empezaban a ser marrones, pero solo un experto en sangre, como yo, podría saber que esa sangre llevaba allí unas 24 horas.

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