lunes, 25 de mayo de 2015

En el tranvía

El tranvía, como tantas otras cosas, es un baremo de la edad, de los años que pasan, no por sí mismos, por su modernidad o falta de ella, sino por como viajamos. Antes, al entrar, como otros tantos, miraba alrededor buscando un asiento libre, de cara a la dirección, pero libre del todo, si había alguien sentado al lado, prefería ir de pie. Ahora no, ahora me siento al lado de quien sea, ¡porque hay cada fauna! Y si el asiento libre está de espaldas a la dirección, me pongo de lado, dando mi propia espalda a quien sea, sin importarme lo que pueda pensar. ¿Y los niños? ¡horror de horrores! He conseguido un asiento medio libre, al lado de lo que al principio he tomado por un chaval pero era una chica, y luego frente a mi una madre con su bebé en el carrito, ¡y lo primero una patadita! Y como vas a decir nada, con todos sonriendo a la criatura, y lo peor es que ni siquiera era normal, no sé qué le pasaba, no hablaba y llevaba artilugios en las piernecitas, así que a cerrar la boca y aguantar las patadas, ¿es eso justicia? ¿tengo yo la culpa de que a la niña le pase algo?

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