lunes, 26 de noviembre de 2012

CARTA A PAPÁ NOEL


Querido Papá Noel:
Aunque ya no soy una niña, todavía sueño con aquel día en que por primera vez me senté sobre tus piernas, dispuesta a pedirte todos los juguetes que durante semanas había estado viendo anunciados en la tele, y que por nada del mundo quería dejar de recibir. Me había portado bien, había sido buena con mi hermanito y con mis padres, había estudiado mucho, e incluso me había comido la sopa sin rechistar, todo para que tú me hicieras caso, para que no regatearas a la hora de traerme ese tractor con paja de verdad que tanto deseaba, y el coche de policía con sirena y luces, y no esas insulsas muñecas que al parecer, por mi sexo, era lo único que debía desear.
Desde entonces todo cambió. Desde que sentí tu cálido aliento sobre mi nuca mientras me preguntabas mi nombre, y el roce de tu blanca barba sobre mi cara, mis deseos fueron otros, y tú eras el único que podía cumplirlos.
Ahora soy mayor, pero sigo deseando sentarme sobre tus rodillas, ya sin tu traje rojo, que supongo que habrás dejado tirado en cualquier sitio, y después de zamparte la cena que tenías en el microondas. En la cama te espera, desnuda e impaciente:
La sra. de Noel.



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