miércoles, 5 de diciembre de 2012

PAPÁ... ¿NOEL?

Saltó de la cama y corrió desesperadamente.
El oscuro pasillo parecía más largo que nunca, palpaba la pared buscando la abertura de la puerta y sentía el frío del suelo atravesando sus pies descalzos, y cuando notó que su mano tropezaba con el marco hizo un barrido en vertical hasta encontrar el conmutador de la luz, que le deslumbró bruscamente y le hizo perder unos preciosos segundos antes de colocarse frente a la taza del váter y vaciar su cargada vejiga, ¡había dado resultado, las ganas de orinar le habían obligado a despertarse!
Como nadie le veía, no se detuvo en lavarse las manos ni en tirar de la cadena, y ahora ya sigilosamente se fue deslizando hacia el comedor, buscó entre la oscuridad la más oscura silueta del árbol, y puso mala cara al ver que su tronco seguía desnudo de regalos, ¿todavía no había llegado papá Noel? Bien, pues le esperaría despierto, ¡ese año lo iba a conseguir!
Se acurrucó sobre el sofá, y solo entonces se percató de los extraños sonidos que escuchaba, ¿serpientes arrastrándose, un animal jadeando...? El ruido llegaba del dormitorio de su madre, y a pesar del temor, decidió investigar lo que pasaba.
Volvió a caminar descalzo, arrastrando miedosamente los pies, pero ya acostumbrado a la oscuridad no tardó en abrir sigilosamente la puerta del dormitorio materno, ¿y qué hacía allí Papá Noel? ¡Claro, le iba a traer el único regalo que había pedido, un hermanito!
- ¿Mi hermanito será negro como yo? -le preguntó más tarde a su madre, cuando los dos estuvieron solos.
- No, cariño -su madre le acarició los rizados cabellos, riendo- si quieres que tu hermanito sea como tú, tendremos que esperar a los reyes magos.


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