martes, 28 de agosto de 2012

Sin condiciones

La ternura de un bebé, al que tienes que cuidar, alimentar y mimar, y que te recompensa con esa mirada de adoración, de suponerte superior a cualquier ser humano, por ser el que cubre todas sus necesidades.
El cariño de un hermano, con el que juegas y compartes travesuras, que te quiere sin plantearte que pueda ser de otra forma.
La complicidad de un amigo, al que eliges y te elige, porque los dos os ofrecéis algo que otros no tienen, porque juntos camináis por la vida, porque sois recíprocamente únicos en el mundo.
El deseo de un amante, de estar junto a ti todo el tiempo, de sentarse a tu lado, de tumbarse a tu lado, de pasar juntos todo el tiempo que sea posible, de correr con anhelo a la puerta antes de que tú la abras.
El tranquilo amor de un padre, que desea ayudarte en todo lo posible, que necesita tu ayuda, tu amor, tus cuidados, que vuelve a mirarte con esa adoración infantil, porque, como a un niño, tú cubres todas sus necesidades, y él ahora lo comprende, lo acepta, y te corresponde con una sonrisa de innegable gratitud, de incondicional amor.
Para sentir todo eso, es necesario encontrar cinco personas que, con suerte, puedan dar y recibir todo ese cariño, o, más fácilmente, puedes tener un perro.

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