sábado, 11 de agosto de 2012

Incongruencias habituales

El camino subía, subía y subía, pero yo no, dejé que siguiera subiendo y me dí media vuelta, hacia mi casa. Eché un vistazo al sótano, cuya escalera bajaba, bajaba y bajaba, pero yo no, no tenía ganas de bajar y dejé que ella, la escalera, bajase sola. Como me dolían los zapatos, decidí darles una aspirina y dejarles descansar, a ver si al día siguiente estaban mejor, mientras yo, por mi parte, me dedicaba a comerme aquel enorme pastel de nata, lleno de colesterol, pobrecito, y un buen pedazo de chocolate, de ese que engorda tanto, disfrutando de la ventaja de no ser yo la que engordase, aunque la ropa se quede estrecha.

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