Eso dijo mi padre, muy seguro de sí mismo, mientras iba haciendo pequeños hoyos en la tierra, luego dejaba caer las semillas esmeradamente seleccionadas, y volvía a cubrir los pequeños agujeros, tiernamente, con dulzura, con amor, y con infantil entusiasmo los regaba uno a uno.
Yo le miraba, no quería desilusionarle, pero no confiaba demasiado en el resultado final.
Y, efectivamente, aquel tiempo que había sembrado, nunca germinó.
M.J.
No hay comentarios:
Publicar un comentario