viernes, 21 de enero de 2011

La importancia del saber- 3

El creía saber cuanto puede saber un hombre. Mor Kaang fodé (persona que domina el Corán, por extensión, persona que sabe mucho), el maestro que se pasaba el tiempo presumiendo de sus buenas notas tanto en el colegio como en el Instituto, piensa que hoy si es un pobre maestro es por pura desdicha. Gracias a sus capacidades intelectuales innatas, podría doctorarse en derecho o filosofía o cualquier otra carrera y volverse catedrático celebérrimo. Así haría conferencias en Europa, en Asia o en América. Participaría en muchos coloquios y para muchas decisiones en su país se le irían a consultar. También formaría parte de los mediadores para apaciguar las tensiones que solo son hijas de las múltiples guerras civiles, étnicas o religiosas que siguen sacudiendo su continente, Africa. Pero a Mor Kaang fodé todas esas aspiraciones acabaron por resultarle quijotescas al hacer el test para ingresar en la Escuela de Administración ya que al final de este mismo test el tribunal le significó que su prestación dejaba bastante que desear.
Modou Beye

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