viernes, 21 de enero de 2011

La importancia del saber- 2

El creía saber cuanto puede saber un hombre, y acostumbraba a conseguir aquello que deseaba. Sin embargo, ahora, su mirada atravesaba el café, que iba enfriándose, en remolinos desesperados.
-¿Carlos? -Algo latía en su cabeza más alto que la voz de su compañero- lo siento, Carlos; estaba claro que el puesto era para Ana, ya sabrás lo suyo con el jefe. Pero tu despido...
     ¿Ana? ¿con el jefe?
     Y en su memoria, dispersa como a través de la niebla, la voz de Ana decía: si quieres ese puesto mucho cuidado en la empresa, Carlos. Aquí nadie debe saber lo nuestro.
Rosario M.

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