jueves, 20 de enero de 2011

LUJURIA

Desde el primer instante que sentí el contacto de sus dedos sobre mi piel, mi cuerpo entero se dejó llevar, se entregó a la suave caricia, y olvidó todo lo que no fuera el momento, ese momento preciso en el que sólo existía él, sólo existía yo, sólo existía la intimidad que juntos lográbamos, y casi podía pensar que, si entonces estaba viva, si existía, era porque él me estaba tocando, era porque él me estaba acariciando, y si dejara de hacerlo, tal vez yo dejara de existir.
Suspiré, cerrando los ojos para mejor sentir las caricias, para aislarme todavía más completamente de todo lo que no fueran mis propias sensaciones, y sin importarme mi total egoísmo que en ningún momento pensaba en su placer, que en ningún momento pensaba en acariciarle como él lo estaba haciendo conmigo, porque, al fin y al cabo, para eso le pagaba.
- Lista -me indicó, finalmente- ¿sólo cortar, como siempre?
- ¿Cortar? -la mojada realidad me devolvió a la silla de la peluquería- ¿no puedes volver a lavar?

2 comentarios:

  1. ¡Chic@s! ¿Qué os pasa, os ha comido los dedos el gato?

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  2. Me encanta tu sentido del humor.... me haces cosquillas en el pensamiento.
    Patricia

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