sábado, 4 de octubre de 2014

Hogar, dulce hogar

Acaba de decirme tu sobrino que ya tiene el sofá nuevo, y aunque ha sido por escrito, noto su alegría, su entusiasmo, porque está construyendo su hogar. Yo estoy aquí, en mi casa, y solo es eso, una casa, no llega a ser hogar, no siento entusiasmo, ni ganas de convertirlo en hogar, más bien en el hogar de los perros, y yo detrás, arrastrando mi corazón en busca del hogar perdido, como arca olvidada en manos de espíritus opresivos... ¿y va a ser siempre así?

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