Trabajo noches alternas y apenas coincidimos en casa.
Mientras hago la ronda de madrugada, pienso en mi marido durmiendo en la cama, que tiene toda para él.
Mi camita de colchón blando y sábanas bordadas. Me invade la nostalgia y quiero estar allí, calentita, en mi postura favorita, abrazada, la frente en su nuca y mi pierna sobre su cintura. Acaba protestando,”quita, que pesas mucho”. No contesto, le doy besitos en el hombro y nos dormimos.
Bueno, la realidad se impone y sigo la ronda en silencio, alumbrada por la tenue luz de los pasillos.
PEPA BONO
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